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Domingo 8 T.O. Ciclo A. D.02.3.2014 Mt. 6,24-34. ¿Servir a dios o al dinero?

Rosa, trabaja en la limpieza para alimentar y educar a sus hijos. Participa en la comunidad cristiana y comparte con otras personas, la vivencia del evangelio de la Alegría. Jesús en el evangelio de Mt 6,24-34 nos llama la atención: Nadie puede estar al servicio de dos señores, pues odiará a uno y amará al otro o apreciará a uno y despreciará al otro. ESCUCHAR AUDIO

No pueden estar al servicio de Dios y del Dinero (v. 24), el Papa Francisco nos recuerda: “No a la nueva idolatría del dinero. Una de las causas de esta situación se encuentra en la relación que hemos establecido con el dinero, ya que aceptamos pacíficamente su predominio sobre nosotros y nuestras sociedades. La crisis financiera que atravesamos nos hace olvidar que en su origen hay una profunda crisis antropológica: ¡la negación de la primacía del ser humano! Hemos creado nuevos ídolos. La adoración del antiguo becerro de oro (cf. Ex 32,1-35) ha encontrado una versión nueva y despiadada en el fetichismo del dinero y en la dictadura de la economía sin un rostro y sin un objetivo verdaderamente humano” (E.G. 55)

El Papa ama a todos, ricos y pobres, pero tiene la obligación, en nombre de Cristo, de recordar que los ricos deben ayudar a los pobres, respetarlos, promocionarlos. Os exhorto a la solidaridad desinteresada y a una vuelta de la economía y las finanzas a una ética en favor del ser humano. (E.G. 58)

Jesús se fija en este detalle del corazón ambicioso y codicioso de algunos, que ponen su acento en el tener, no importa cómo, si es en base a la corrupción, si es el manejo de las naciones, como si fuera su propiedad. No hay una política económica que responda al bien común. No hay una ética en la economía del mercado. No importa si un pobre muere de frío, solo es noticia cuando la bolsa de valores, cae.

No nos agobiemos por lo material, sino busquemos el sentido profundo de la vida. Jesús nos invita a fijarnos en las flores, en los pájaros, como no trabajan ni hilan, sin embargo Dios está allí. ¡Cuánto más con nosotros, gente de poca fe! (v.30). La fe es creer y aceptar a Jesús como el camino que da sentido a nuestra vida y que nos invita a buscar el reino de Dios que es su justicia. Y que nos llama a una profunda solidaridad y compartir con los que menos tienen, porque él nos muestra el rostro de un Dios que tiene un corazón de Padre y de Madre, como nos dice Is. 49,15: ¿Puede una madre olvidarse de su criatura, dejar de querer al hijo de sus entrañas? Pues aunque ella se olvide, yo no te olvidaré.

Jesús nos marca una pauta de vida: el reino de Dios está aquí en medio de nosotros. Porque Él ha venido para traernos vida y a trabajar por mejorar la vida de todos, en especial de los más excluidos, que tomemos conciencia de buscar con fe, la verdad y la justicia, para que en la región se desarrolle una economía solidaria, que se reinvierta en la diversificación de fuentes de trabajo, mejoras salariales, educación, salud, protección y defensa del medio ambiente. Dios tiene un corazón de padre y de madre, porque cuida a sus hijos, pero también exige de sus hijos el camino de la libertad y del esfuerzo por recrear y cuidar la creación. Servir a Dios con alegría te humaniza y te hace solidario. La codicia oscurece tu vida. Es irreconciliable el Dios de la Felicidad con el dios Mamón, el dinero. (Fr. Héctor Herrera, o.p.)

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