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El cordero de Dios. Jn. 1, 29-34. Domingo II T.O. Ciclo A. D. 19.01.2014

cordero

corderoJuan ha cumplido su misión como profeta, preparar el camino del Señor. Ha ido tomando conciencia, desde el bautismo de Jesús que éste es el Cordero de Dios. Juan es testigo que Jesús es el Cordero que Dios ha elegido para quitar el pecado del mundo.

 Vivimos en una realidad de muerte: a diario hay crímenes,  persecuciones, falta de respeto a la vida, a los derechos de las personas, accidentes por falta de previsión. Se vive una indiferencia que desintegra a la persona. Ante  esta realidad de pecado de indiferencia, intolerancia y despreocupación, nos presenta Juan, al Cordero de Dios que vence al pecado para darnos vida, que nos devuelve la dignidad de personas y nos hace reconocernos como hijos e hijas amados por Dios. Porque él nos muestra el camino de la salvación. Se ha iniciado un nuevo éxodo: la salida de la esclavitud del pecado que oprime y esclaviza en sus diferentes formas sea por las leyes del mercado, la corrupción, la sed del poder no para servir, sino para servirse, para dar paso a una nueva vida con dignidad, libertad, justicia, paz, reconciliación. La imagen del cordero nos remite al servidor: “Tú eres, mi siervo Israel, de quien estoy orgullo” (Is. 49,3).

“He contemplado al Espíritu, que bajaba del cielo como una paloma y se posaba sobre él” (v.32). Este es el testimonio más profundo de Juan, como debe ser hoy de todos los cristianos. Contemplar que Jesús está lleno del Espíritu de Dios y que es con la fuerza de su poder que libera, sana, reconcilia, fortalece, nos da una paz que nos impulsa a recrear el mundo con el amor de Dios. Juan nos presenta a Jesús como la luz que vence a las tinieblas del egoísmo e indolencia, para abrirnos a la misericordia y a la compasión. 

Juan atestigua: “Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar me había dicho: Aquél sobre el que veas bajar y posarse el Espíritu es el que ha de bautizar con Espíritu Santo” (v.33). 

Juan toma conciencia que si bien su bautismo era de preparación, ha ido avanzado en el conocimiento. Ha descubierto que ese mismo Espíritu que estaba en el comienzo de la creación (Gn.1, 2), hoy está plenamente en Jesús. El proyecto de Dios se cumple en Jesús. El es el Hijo de Dios. Ha sido un reconocimiento progresivo. Y así tiene que ser nuestra vida: un conocimiento profundo de Jesús a través de la Palabra de Dios. Porque El es la palabra que se ha encarnado, es vida, es historia, es luz. Y en el encuentro con la eucaristía, donde la Iglesia, comunidad se reúne para celebrar la fe: muerte y resurrección de Jesucristo. Pan de vida que congrega, unifica y abre nuestro corazón a la fraternidad, a ser testigos de Cristo en el mundo.

Es en la comunidad, la Iglesia, donde estamos llamados a formar parte de este pueblo santo, consagrados a Cristo Jesús con una vocación santa (1 Cor 1,2). Pablo les recuerda a la comunidad de Corinto, como a nosotros a vivir en serio nuestro seguimiento a Jesús, descubriendo que ya no son los antivalores de este “mundo” el que motiva nuestra vida, sino “el Espíritu de Dios que habita en ustedes”(Rom 8,9).

Seamos testigos del Evangelio de Jesús con nuestro testimonio y coherencia de vida, con la alegría de servir y construir un mundo más fraterno. (Fr. Héctor Herrera, o.p.)

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