RedessocialesSomos 7.210 millones de personas en el planeta. De estas, 3.010 somos usuarios activos de Internet. Y 2.078 millones usuarios activos de una red social. Son datos que ofrece wearesocial.org Es decir, el 89% de los internautas está en una red social.

Estos datos nos confirman que el ser humano es un ser relacional (¿acaso no es relación la Trinidad y no somos imagen y semejanza de Dios?). Las redes sociales son una respuesta a la necesidad de comunicación que tenemos. Por eso, el deseo de contacto con otras personas, la gratificación rápida, el reconocimiento personal, el sentirse activo, los mensajes positivos, etc. son algunos de los motivos por los que el ser humano es proclive a las redes sociales.

Sin embargo, existe una visión negativa de todo esto entre personas que defienden la deshumanización que ha traído la tecnología. Un ejemplo de ello es Zygmunt Bauman, sociólogo polaco de 90 años que planteó la idea de la “modernidad líquida” (una etapa en la cual todo lo que era sólido se ha licuado, en la cual “nuestros acuerdos son temporales, pasajeros, válidos solo hasta nuevo aviso”). Para él, las redes sociales son una trampa; dice que la gente se siente un poco mejor porque la soledad es la gran amenaza en estos tiempos de individualización. Afirma que se basan en un modelo de relación humana basada en la extimidad (es decir, en exteriorizar/narrar lo íntimo) y en la simplicidad del vínculo, reducido en muchos casos a hacer clic en una serie de iconos que se nos ofrecen. Para él los nuevos estándares de comunicación nos empobrecen. En una entrevista para El País (9 de enero 2016) decía textualmente: “Mucha gente usa las redes sociales no para unir, no para ampliar sus horizontes, sino al contrario, para encerrarse en lo que llamo zonas de confort, donde el único sonido que oyen es el eco de su voz, donde lo único que ven son los reflejos de su propia cara. Las redes son muy útiles, dan servicios muy placenteros, pero son una trampa.”

Esta es una de las muchas visiones negativas de Internet y de las redes sociales. Están también los que dicen que no permiten profundizar, ni establecer relaciones auténticas, ni poder formar comunidad real. O los que simplemente defienden que se convierten en una adicción difícil de controlar, una especie de estupefaciente para personas de psicología débil que necesitan esta droga para escapar de la dura realidad cotidiana personal o social.

No es esta nuestra visión de Internet ni de las redes sociales. Tampoco es la de la Iglesia y concretamente de los últimos papas. Ya desde 1975, el papa Pablo VI escribía: “La Iglesia se sentiría culpable ante Dios si no empleara esos poderosos medios, que la inteligencia humana perfecciona cada vez más. Con ellos la Iglesia ‘pregona desde los terrados’ (cf. Mt 10, 27; Lc 12, 3) el mensaje del que es depositaria” (Evangelii nuntiandi, 45).

Cinco años después, en 1980, Juan Pablo II ofrecía una visión también positiva y bastante acertada sobre el futuro de lo que en esos momentos eran los “nuevos medios”. Lo expresa así en su encíclica Dives in Misericordia:

“El desarrollo de la informática, por ejemplo, multiplicará la capacidad creadora del hombre y le permitirá el acceso a las riquezas intelectuales y culturales de otros pueblos. Las nuevas técnicas de la comunicación favorecerán una mayor participación en los acontecimientos y un intercambio creciente de las ideas. Las adquisiciones de la ciencia biológica, psicológica o social ayudarán al hombre a penetrar mejor en la riqueza de su propio ser. Y si es verdad que ese progreso sigue siendo todavía muy a menudo el privilegio de los países industrializados, no se puede negar que la perspectiva de hacer beneficiarios a todos los pueblos y a todos los países no es ya una simple utopía, dado que existe una real voluntad política a este respecto.” (Dives in misericordia, 10)

Entonces, ¿cómo vemos Internet y las redes sociales desde la Iglesia?

En primer lugar, la Iglesia enmarca Internet y las redes sociales dentro del panorama de la “nueva evangelización”. Fue el mismo Juan XXIII quien en su discurso de apertura del concilio Vaticano II decía que los cambios del mundo abrían posibilidades para el apostolado católico: “ante todo es necesario que la Iglesia no se aparte del sacro patrimonio de la verdad, recibido de los padres; pero, al mismo tiempo, debe mirar a lo presente, a las nuevas condiciones y formas de vida introducidas en el mundo actual, que han abierto nuevos caminos para el apostolado católico.”

Más adelante, Juan Pablo II utiliza por primera vez el término “nueva evangelización” en su homilía de la misa para los obreros de Nowa Huta, en Polonia: “La nueva cruz de madera ha surgido no lejos de aquí, exactamente durante las celebraciones del milenario. Con ella hemos recibido una señal: que en el umbral del nuevo milenio —en esta nueva época, en las nuevas condiciones de vida—, vuelve a ser anunciado el Evangelio. Se ha dado comienzo a una nueva evangelización, como si se tratara de un segundo anuncio, aunque en realidad es siempre el mismo. La cruz está elevada sobre el mundo que avanza.” (Juan Pablo II, 8 de junio 1979). Este término será muy usado durante todo su pontificado y también en el del papa Benedicto XVI. En él, las redes sociales quedan enmarcadas como un lugar para evangelizar.

Todo esto fue perfilándose cada vez más claro en los mensajes para las Jornadas Mundiales de las Comunicaciones Sociales, a partir del año 1990 hasta llegar al de este año 2016 en la que el papa Francisco trata el tema de comunicar con misericordia. Pero antes de pasar a su contenido, ofrecemos tres conceptos más que considero importante para terminar de comprender la importancia que tiene la presencia misericordiosa en las redes sociales.

Internet es un lugar en el que podemos encontrarnos para compartir, opinar, charlar, del mismo modo que se viene haciendo desde hace mucho tiempo en las plazas públicas, en las cafeterías, los clubs, etc. El mismo papa Benedicto XVI, en su mensaje por la IXLIII Jornada Mundial para las Comunicaciones Sociales, lo llamó el “Continente Digital”, un lugar también para evangelizar: “A vosotros, jóvenes, que casi espontáneamente os sentís en sintonía con estos nuevos medios de comunicación, os corresponde de manera particular la tarea de evangelizar este “continente digital”. Haceos cargo con entusiasmo del anuncio del Evangelio a vuestros coetáneos.” Lo afirma también el jesuita, director de la Civiltà Cattolica, Antonio Spadaro (2014) en su libro “Quando la fede si fa social”: “Internet es un lugar cálido de humanidad, donde los hombres expresan esperanza, dudas, incluso el deseo de verdad y los interrogantes sobre el sentido”. Y el columnista del The Guardian y profesor de la universidad de New York, Jeff Jarvis (2016). Este último afirmaba en una charla en la Universidad CEU San Pablo en marzo de 2016: “Hemos cometido el error de juzgar internet como un medio cuando internet es un lugar donde la gente se junta y habla. Como en todas partes hay listos y tontos, cosas buenas y malas”. No se trata, por tanto, de una herramienta, sino de sitio donde está la gente.

Internet nos permite traspasar las fronteras. Si en 1967, Stanley Milgram demostró que cualquiera en la Tierra puede estar conectado a cualquier otra persona del planeta a través de una cadena de conocidos que no tiene más de cinco intermediarios (conectando a ambas personas con sólo seis enlaces), imaginemos la facilidad que nos ofrece Internet para conectar con la gente. Aunque Ducan Watts (2002) llegó a la misma conclusión que Milgram con el correo electrónico, es muy probable que con las redes sociales sean necesarios muchos menos intermediarios para conectar con cualquier persona del planeta.

Internet nos permite influir en otros. James Fowler y Nicholas Christakis (2010) han demostrado que en la redes sociales reales (no digitales) el grado de influencia alcanza sólo tres grados de distancia: a nuestro amigos (grado 1), a los amigos de nuestros amigos (grado 2) y a los amigos de los amigos de nuestros amigos (grado 3); y a partir del cuarto grado comienzan a disiparse los efectos. Pero podemos pensar que el contagio se multiplica aún más a través de las redes sociales digitales.

Con todo esto, subrayamos que en un lugar tan habitado como Internet, en el que podemos obtener un alcance insospechado y una influencia enorme, la misericordia pasa a ser central a la hora de comunicar. Misericordia es que convirtamos las redes en verdaderos encuentros, traspasando fronteras de modo que el contagio de misericordia y todo lo que veremos significa para el papa Francisco, sea un llenar de Evangelio las calles digitales.

Pero ¿cómo se comunica con misericordia en las redes sociales? Nos lo explica el papa Francisco en su mensaje para la 50 Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. De ella he extraído un resumen a modo de decálogo que nos permita tener más presente sus consejos:

INCLUSIÓN: “La comunicación tiene el poder de crear puentes, de favorecer el encuentro y la inclusión, enriqueciendo de este modo la sociedad.”
SANACIÓN: “Quisiera, por tanto, invitar a las personas de buena voluntad a descubrir el poder de la misericordia de sanar las relaciones dañadas y de volver a llevar paz y armonía a las familias y a las comunidades.”
DENUNCIA: “Nuestra tarea es amonestar a quien se equivoca, denunciando la maldad y la injusticia de ciertos comportamientos, con el fin de liberar a las víctimas y de levantar al caído.”
CORAZÓN: “En particular, es característico del lenguaje y de las acciones de la Iglesia transmitir misericordia, para tocar el corazón de las personas y sostenerlas en el camino hacia la plenitud de la vida, que Jesucristo, enviado por el Padre, ha venido a traer a todos.”
ACOGIDA: “Nosotros podemos y debemos juzgar situaciones de pecado –violencia, corrupción, explotación, etc.–, pero no podemos juzgar a las personas, porque sólo Dios puede leer en profundidad sus corazones.”
ESCUCHA: “Comunicar significa compartir, y para compartir se necesita escuchar, acoger. Escuchar es mucho más que oír. Oír hace referencia al ámbito de la información; escuchar, sin embargo, evoca la comunicación, y necesita cercanía.”
ENCUENTRO: “La comunicación tiene el poder de crear puentes, de favorecer el encuentro y la inclusión, enriqueciendo de este modo la sociedad.”
CERCANÍA: “En un mundo dividido, fragmentado, polarizado, comunicar con misericordia significa contribuir a la buena, libre y solidaria cercanía entre los hijos de Dios y los hermanos en humanidad.”
HUMILDAD: “Cómo desearía que nuestro modo de comunicar, y también nuestro servicio de pastores de la Iglesia, nunca expresara el orgullo soberbio del triunfo sobre el enemigo, ni humillara a quienes la mentalidad del mundo considera perdedores y material de desecho.”
SERVICIO: “Poner humildemente las propias capacidades y los propios dones al servicio del bien común.”
El papa dedica un largo párrafo expresamente a la comunicación digital.

“También los correos electrónicos, los mensajes de texto, las redes sociales, los foros pueden ser formas de comunicación plenamente humanas. No es la tecnología la que determina si la comunicación es auténtica o no, sino el corazón del hombre y su capacidad para usar bien los medios a su disposición. Las redes sociales son capaces de favorecer las relaciones y de promover el bien de la sociedad, pero también pueden conducir a una ulterior polarización y división entre las personas y los grupos. El entorno digital es una plaza, un lugar de encuentro, donde se puede acariciar o herir, tener una provechosa discusión o un linchamiento moral. Pido que el Año Jubilar vivido en la misericordia «nos haga más abiertos al diálogo para conocernos y comprendernos mejor; elimine toda forma de cerrazón y desprecio, y aleje cualquier forma de violencia y de discriminación» (Misericordiae vultus, 23). También en red se construye una verdadera ciudadanía. El acceso a las redes digitales lleva consigo una responsabilidad por el otro, que no vemos pero que es real, tiene una dignidad que debe ser respetada. La red puede ser bien utilizada para hacer crecer una sociedad sana y abierta a la puesta en común.” (Papa Francisco)

Por tanto, comunicar con misericordia en las redes sociales consiste más en un testimonio con la actitud que en un bombardeo de mensajes religiosos. Esto ya nos lo recordaba Monseñor Claudio María Celli cuando era prefecto de la Sagrada Congregación para las Comunicaciones Sociales: “Los católicos no deben bombardear la web de mensajes religiosos sino dar testimonio” (17 de marzo 2015). Esta es una idea que ya el papa Pablo VI subrayaba en la Evangelii Nuntiandi “la Iglesia comunica por atracción y no por propaganda religiosa”. Atracción significa que los otros comprenden el mensaje a través de nuestro testimonio. Esta es la fuerza primaria de la comunicación en la Iglesia. Así pues, para comunicar con misericordia, es indispensable tener experiencia de la misma. Será imposible mostrarnos humildes si no vivimos la humildad, denunciar si no sentimos como propias las injusticias que sufren los otros, o sanar relaciones dañadas, mientras vivimos con un corazón enfermo por el rencor o la amargura.

Finalmente, el papa Francisco nos invita a “no tener miedo de entrar en las redes sociales”. No por inconsciencia de los riesgos o peligros que tienen, sino porque nos encontramos ante una realidad que no tiene vuelta atrás. Monseñor Celli decía que se trata de aceptar el reto que supone la tecnología, el reto de estar presente en el continente digital y conseguir que también en este continente resuene la buena noticia del Evangelio.

Fuente: imision.org

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