jesús(Por: Fray Héctor Herrera).- La pregunta que Jesús hace a sus discípulos es profunda y directa, para todos nosotros ¿Quién soy yo para ti? ¿Qué significo en tu vida personal y comunitaria? El evangelio de Lc. 9,18-24, nos presenta a Jesús, como el mensajero de Dios. El profeta que cuestiona nuestra vida personal, todo desorden social basado en la injusticia y en el desprecio por el ser humano. ESCUCHAR AUDIO

Nosotros también lo reconocemos como el enviado de Dios. Simón Pedro le dice: “Tú eres el Mesías” (v. 20, cf Mc 8,29, Mt 16,16-19). Pedro, como nosotros, no comprendió, que ese Mesías tiene que sufrir, porque el mundo social en que vivía y vivimos se construye en base a la fuerza del poder, condición social, económica.

Jesús nos enseña, ser su discípulo es tomar la cruz: “El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, cargue con su cruz cada día y me siga” (v.23). Allí está la clave del discipulado. Es caminar con Jesús y ser profetas, que anuncian un mundo nuevo: si nos amamos y respetamos, si construimos juntos un nuevo orden social en que el pobre y desvalido, sea tomado en cuenta como persona, denunciando el mundo oscuro del poder, de la corrupción, del ganar y subir, para ser testigos de la luz de Cristo.

Jesús nos pide definirnos, estamos con Cristo o contra Cristo. Seguir a Jesús es valorar, defender, promover la vida, porque Él es vida, (cf. Jn 11,25; 14,6; 10,27). Una vida de entrega y de servicio. Una vida que nutra la esperanza de otros. Una vida que nos lleve a compartir con los demás, sobre todo en la familia.

La familia es el lugar privilegiado para encontrarnos con la persona de Jesús. Los padres son los primeros educadores de la fe de sus hijos. Cuando un papá ama y respeta a su esposa y ambos colaboran en la formación de sus hijos encuentran en Cristo, la fuerza y la sabiduría de Dios. Y pueden decirle: “Señor Jesús haznos padres generosos, dispuestos a escuchar, a amar, a orientar y guiar por el camino del bien a nuestros hijos. Haz que formemos hijos e hijas, capaces de vencer el temor, de autoestimarse para valorar a los demás, de crear un mundo de paz, que proteja la creación y todos los bienes que tú has creado. Haznos fuertes y solidarios, capaces de ser esa luz y sal de la tierra a la que tú nos invitas. Haz Señor que descubramos tu rostros a través de tu Palabra de vida, en la eucaristía, comida fraterna, que hace más profunda nuestra fe, para descubrirte en el rostro del pobre, enfermo, niño, a, joven, adulto, anciano. Tú estás allí en los que tocan a la puerta, en el pobre que muere de hambre”.

Cristo quiere que tú lo confieses con el ejemplo y testimonio de vida, en el gesto de compartir con esos ancianos que tienen hambre de pan y de Dios. A veces somos como Pedro creyentes y dubitativos. Jesús a tu lado para levantar tu mirada y caminar con fe y optimismo.

Jesús camina contigo, quiere ser tu amigo, si te revistes de sus mismos sentimientos de amor y de misericordia y compromiso por vivir la libertad de los hijos de Dios. (DOMINGO XII T.O. C. D.19.06.2016. LC. 9,18-24)

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