Acogerajesus(Por: Fray Héctor Herrera).- En Lc. 10,38-42, Marta y María acogen con gran alegría a Jesús, como su huésped. Son los mismos sentimientos que experimenta cualquier persona cuando se encuentra con una persona conocida o que no ve después de mucho tiempo. ESCUCHAR AUDIO

La virtud de la hospitalidad era muy valorada entre los pueblos antiguos. Jesús nos llama la atención, Marta “la señora de casa” está muy ocupada en los quehaceres cotidianos, quería atender mejor a su amigo Jesús. María se sienta a los pies como discípula para escuchar al Maestro.

Marta interrumpe la conversación de Jesús con María “Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? (v.40). Ambas acogen al huésped. Jesús nos da una lección hermosa sobre el verdadero sentido de la hospitalidad. Hay una riqueza de la vida contemplativa. Madre Lucía era una monja contemplativa, escuchaba a Cristo en la oración y tenía una gran capacidad de escuchar a los pobres. Sus consejos nacían de ese amor a Cristo en el diálogo, estudio y misión. Era la discípula que se sentaba a los pies del Señor para escuchar el grito de los pobres, darles aliento y esperanza. La Hna. Rosa Luz Manrique, o.p. la recordaba así: “Como Priora y como Maestra nos enseñaste con tu propia vida a ser humildes y generosas, a darlo todo por el Amado, enseñándonos que la vida es un camino que debemos hacer cada día. A pesar de tu delicada salud te veíamos siempre en pie, animándonos, transmitiéndonos fuerza, pero también en tu silencio, cuántas cosas guardabas en tu corazón, a ejemplo de la Esclava del Señor”(11.5.2016 Misa de Exequias).

A veces caemos en el peligro: ocuparnos de lo superficial y del consumismo, que no tenemos tiempo para escuchar y dialogar. Olvidamos que hay que guardar el equilibrio en saber escuchar a Dios en nuestra vida, contemplando su Palabra y cumplirla mejorando la cultura de la solidaridad fraterna. Y como ese diálogo nos abre hacia los demás para saber intercambiar ideas, proyectos y buscar juntos el bien común, respetando a la otra persona, siendo tolerantes.

No se trata de quedar bien con los huéspedes, sino de un encuentro profundo entre personas, a través del darse y aceptarse mutuamente. “Fui extranjero y me acogieron” (Mt 25,35). Escuchar con el corazón y contemplar a Dios, en la vida cotidiana, en la naturaleza. Contemplar a Dios en tanta belleza, que se está destruyendo la vida de los pueblos indígenas por el desprecio a su vida, a los bosques y a todo lo que Dios ha creado. En la historia de la Iglesia, siempre hubo una honda preocupación por defender la vida y el hábitat de los nativos, que son personas con los mismos derechos que cualquier ciudadano, y no deben ser excluidos: “Ante la exclusión, Jesús defiende los derechos de los débiles y la vida digna de todo ser humano. De su Maestro, el discípulo ha aprendido a luchar contra toda forma de desprecio de la vida y de explotación de la persona humana” (DA. No. 112)

La hospitalidad se basa en la contemplación del rostro de Dios, escuchando y practicando su Palabra y en el encuentro con el hermano, dialogando, acercándonos a su realidad y proyectando cómo nos realizamos como personas, sin minusvalorar al otro, sino descubriendo en el otro a un hermano que se sienta acogido, amado y protegido. Sólo en la escucha y en diálogo descubrimos el tesoro que es Dios en nuestras vidas. (DOMINGO 16 T.O. CICLO C. D. 17.07.2016. LC. 10,38-42)

   

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