lamparasencendidas(Por: Fray Héctor Herrera).- El evangelio de Lc 12,32-48 nos presenta a Jesús como el maestro que nos dice: “No temas pequeño rebaño, que el Padre de ustedes ha decidido darles el reino. “Vendan sus bienes y den limosna. Consigan bolsas que no se rompan, un tesoro inagotable en el cielo, donde los ladrones no llegan ni los roe la polilla. ESCUCHAR AUDIO

Porque donde está el tesoro de ustedes, allí también está su corazón (vv.32-34)”. ¡Qué programa de vida más profundo de Jesús para sus seguidores! Varones decididos lo acogieron y lo siguieron, como Santo Domingo de Guzmán, fundador de la Orden de Predicadores, más conocidos como Dominicos. Domingo varón evangélico de oración profunda, descubrió en su vida el tesoro que es Dios. Contempló al Dios del amor, compasivo y misericordioso, supo ser compasivo con todos. Varón de fe, supo desprenderse de todos sus bienes y del tesoro más querido sus libros, para venderlos frente a la hambruna de su pueblo. Nos da ejemplo de amor y de fidelidad a Jesús. Se hizo servidor de todos y comienza una misión itinerante y predicación evangélica, para reformar desde el corazón de la Iglesia, la vocación a la que ha sido llamado. Supo superar las adversidades, en un mundo carente de Dios, lleno de codicia y de riqueza, que había olvidado en el siglo XIII, como hoy, la riqueza de Dios y el amor al prójimo. En un mundo de codicia, donde los ídolos modernos son el acaparamiento de bienes, el consumismo y la insensibilidad a los pobres; Domingo como Francisco de Asís, son los dos pilares para reformar la Iglesia y hacerla más cercana al Evangelio de Jesús. Descubrieron el tesoro que es Dios por medio del desprendimiento: ambos venían de familias pudientes y abrazaron la pobreza como único camino del seguimiento del Evangelio de Jesús. Quisieron de sus frailes ese desprendimiento total para ser luz de la Iglesia con el estudio de la Sagrada Escritura, y saber leer en los signos de los tiempos la presencia de un Dios que sale al encuentro del hombre. Domingo quiso formar una comunidad de hermanos, con un espíritu no de dominio sobre las cosas o las personas, sino de amor y de respeto por los demás.

Su amor a la cruz, lo convierte, en un varón evangélico. Supo ser discípulo de Jesús y a la vez maestro de la verdad, actuaba con libertad de espíritu. Hacía de la Palabra su comida diaria, para contemplarla y darla a los demás. Por eso de noche nadie más cercano a Dios, a quien con lágrimas imploraba la conversión de los pecadores y de día nadie más cercano a los humanos. Su caridad era tan grande que todos cabían en su corazón y amando a todos, de todos era amado. Su espíritu alegre, nos enseña a ser discípulos que con alegría sirven al Señor, aún en medio de las dificultades de la vida.

En este Jubileo de los ochocientos años de la aprobación de la Orden de Frailes Predicadores, nuestro fundador nos recuerda: Estén preparados, con las luces encendidas, para hacer la voluntad de Dios, dando amor y alegría a los más débiles y desprotegidos. Y allí están nuestros misioneros en la selva peruana, compartiendo el dolor, la alegría, la fe y la esperanza con los nativos, en el África y en el Asia. En todas partes brilla la luz de la fe con dominicas, religiosas contemplativas y laicos, tendiendo la mesa y compartiendo con los pobres la fe y la alegría de Domingo. Una vuelta a las fuentes evangélicas es urgente y necesaria en un mundo globalizado, para hacerlo más humano, tener un corazón noble capaces de descubrir el tesoro del reino de amor, de libertad, de justicia y de paz, que grita desde el corazón de los pueblos más pobres, que nos sacude para ser los itinerantes como Pablo, cuyos escritos amaba Santo Domingo. Y en ellos descubramos a los Cristos maltratados de hoy. (DOMINGO 19. T.O. CICLO C. D. 07.08.2016. LC. 12,32-48)

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