Salvacion deDios(Por: Fray Héctor Herrera).- Jesús camina resueltamente a Jerusalén para cumplir la voluntad de su Padre, nos señala Lc 13,22-30. Y nos sigue enseñando frente a la pregunta que nos hacemos como uno de sus discípulos ¿Cuántos serán los salvados? Lo que Él quiere es que abramos nuestros corazones al don de Dios, porque el legalismo como los maestros de Jerusalén, o la estrechez de visión,como algunos hoy, quieren reducir la salvación al miedo, al castigo, al cumplimiento de una serie de normas, que no tocan el corazón del ser humano. ESCUCHAR AUDIO

Jesús va mucho más allá de quedarnos en el número de los salvados. Él nos pide: “Esfuércense en entrar por la puerta estrecha, porque les digo que muchos intentarán entrar y no podrán” (v.24). No basta que digamos somos cristianos, sino como cambiamos en nuestra vida: dejar la soberbia, el egoísmo estrecho que no piensa en el hermano, la sed y la ambición de poder no para servir, sino para servirse, la doble vida que nos arropa en un manto de arrogancia y de falsa espiritualidad.

La salvación es una gracia, un don de Dios. No es privilegio de unos pocos, sino exige generosidad para responder a ese regalo de Dios. Ser su testigo, es tener fe, vivir el llamamiento de Jesús. Es construir su reino de amor aquí y ahora: la bondad, la afabilidad, el respeto y la autoestima para ser hermanos unos a otros y poder juntos sentarnos a la mesa de su reino. No basta decir que conocemos a Jesús, sino como su Palabra va cambiando nuestras vidas. Cómo hoy concretamente en el corazón del hogar, escuchamos y practicamos la Palabra de Dios, enseñándoles a los hijos a descubrir el rostro amoroso y misericordioso de Dios como un Padre y un madre que está atento a nuestras necesidades, pero que requiere nuestra participación, nuestra conversión diaria y continua. Como crecemos en las comunidades cristianos en la fraternidad, en el compromiso con el desvalido. Aun pese a las dificultades de la vida, tenemos que tener una fe profunda que Dios nos corrige porque nos ama. Que Él fortalece nuestras manos cansadas y robustece nuestras rodillas para caminar por el camino recto (Heb. 12,12-13).

Me alegraba ver la solidaridad y esfuerzo de personas sencillas, frente a las adversidades que había sufrido un pueblo. Recogieron víveres, ropa, agua para apoyar en parte a cubrir las necesidades de los más pobres. En este gesto de amor compasivo hacían realidad los gestos de Jesús. Sólo el amor con gestos de vivencia evangélica harán crecer y fortalecer la fe de nuestras comunidades cristianas.

“Los últimos serán los primeros y los primeros los últimos” (v.30). Israel, como tal vez nosotros, nos creemos salvados, porque decimos ya cumplí, pertenezco a la Iglesia. Sin embargo no basta. La salvación es una gracia de Dios, que nos exige esfuerzo, decisión, conversión, cambio radical en nuestra vida frente a los ídolos del poder y del dinero, de la soberbia y arrogancia, que nos ciega a ver el rostro del Dios vivo, que sigue actuando en la historia.(DOMINGO 21. T.O. CICLO C. D. 21.08.2016 LC. 13,22-30)

 

   

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