Si tuvieras fe(Por: Fray Héctor Herrera).- En el evangelio de Lc 17,5-10, Jesús, les y nos enseña: la fe es un don y una búsqueda de Dios para hacer realidad su reino y cuando le dicen: “Auméntanos la fe” (v.5). Él les responde, como hoy a nosotros: “Si Uds., tuvieran fe como un granito de mostaza” (v.6). ESCUCHAR AUDIO

A veces confundimos la fe como un conjunto de verdades, y nos desanimamos ante cualquier obstáculo, si nos sucede algo decimos: ¿Por qué a mí? Tal vez repetimos como el profeta ¿Por qué me haces ver toda clase de desgracias, injusticias, violencia, destrucción, pleitos y contiendas? (Hab 1,3). Y el Señor nos responde: “el justo vivirá por su fidelidad” (Hab 2,4).

La fe es ser fiel a Dios, abrir nuestro corazón para dejarle entrar, crecer, madurar, encontrar el verdadero tesoro que es Dios y servirlo con amor en nuestro prójimo. Es tener el coraje y la valentía de ser discípulos de Jesús, que comienzan algo nuevo en la vida, porque ponen su total confianza en Dios y sus obras en bien de la comunidad son fruto de ese amor.

Así lo entendió Francisco de Asís, en siglo 13, hijo de un rico comerciante Pedro Bernardone, se despoja de todo, aún de sus vestidos, porque reconoce que Dios, es su verdadero Padre (Lc. 18,22). Rompe con la riqueza y la estructura social.
Ama la vida, descubre el don de la vida en toda criatura de la creación y dice con gratitud: ¡Loado sea mi Señor, por la hermana tierra, el sol, la luna, las estrellas, los animales, los peces, las aves! Emprende una reforma en la Iglesia institucional para volver su mirada al Evangelio, al corazón de Cristo. Francisco es un varón de fe, porque no sólo transformó su vida y la de sus amigos, sino la vida de la Iglesia. Tener fe hoy, es tener el valor de transformar el corazón de la sociedad en que vivimos: obrar el bien, siendo constantes y fieles al proyecto que Dios tiene para la humanidad de hoy. Es revivir el “espíritu de fortaleza, amor y buen juicio” (2 Tim 1,6-7). Es fiarnos de Dios y ser testigos de esa fe en el mundo.

En la carta Laudato Sí, el Papa Francisco, nos recuerda, que los cristianos estamos llamados a una conversión ecológica que brota del evangelio y de nuestra fe: “Si “los desiertos exteriores se multiplican en el mundo porque se han extendido los desiertos interiores”(Benedicto XVI 24.5.2005) No podemos permanecer indiferentes, una conversión ecológica nos lleva a un encuentro con Jesucristo: “Vivir la vocación de ser protectores de la obra de Dios es parte esencial de una existencia virtuosa, no consiste en algo opcional ni en un aspecto secundario de la experiencia cristiana”(L.S. 217)

Francisco y Domingo, dos varones evangélicos en su tiempo y para nuestro tiempo: uno por radicalidad evangélica de la pobreza y el cuidado de la creación, el otro por su predicación ¡Ay de mí, si no anuncio el Evangelio” (1Cor 9,16) nos indican que algo nuevo está naciendo. No podemos quedarnos indiferentes o meros espectadores estamos llamados a ser servidores que sólo hacemos lo que debemos hacer. Estamos a tiempo.

La fe es un don de Dios, que se desarrolla y madura en el servicio misericordioso con nuestro prójimo y en el cuidado de la creación. Una obra con fe y amor, sólo viene de Dios y sigue pese a todos los obstáculos de la vida. Y allí podemos ver la mano de Dios. (DOMINGO 27 T.O. CICLO C. O2.10.2016 LC. 17,5-10)

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