Jesus(Por: Fray Héctor Herrera).- Los judíos se sentían orgullosos del Templo. Les daba seguridad y se admiraban de su belleza. Jesús les anuncia la destrucción del templo (v.6), que ocurre efectivamente el año 70, ¿cuándo sucederá esto? De esto nos habla Lc. 21,5-19. ESCUCHAR AUDIO


El evangelista Lucas nos presenta tres momentos específicos: 1) La destrucción del Templo y de Jerusalén. 2) La venida del Hijo del Hombre. 3) El fin del mundo.

El evangelista nos orienta que la destrucción de Jerusalén no es el fin del mundo. Lo importante es: como discípulos de Cristo no escuchemos a los charlatanes que anuncian catástrofes como el fin del mundo. Tenemos que estar preparados frente a las persecuciones de los enemigos del reino del amor, la justicia, la paz y la verdad (v.12). El cristiano tiene que perseverar para dar testimonio de Cristo en la defensa del amor y la justicia a favor de los más desvalidos (v.13). “Los odiarán por causa de mi nombre” (v.16) porque El ama la vida, la creación, y quien es constante en el proyecto de Dios se salvará (v.19).

La perseverancia a la que nos invita Jesús es el constante trabajo que tenemos entre manos como hacer visible este reino de Dios: en la búsqueda del amor por la vida de todo ser humano. Hay que saber leer en los signos de los tiempos como Jesús viene y entra en cada momento de nuestra historia: cuando el hombre herido por la ambición destruye con los gases tóxicos los nevados, contamina los ríos, destruye los bosques, cuando se crea situaciones de temor e inseguridad a causa de la violencia y las guerras, que hace que miles de personas huyan como migrantes. Dios nos está hablando como prevenir y proteger la vida como creyentes que aman y defienden en la vida. Creemos la cultura del encuentro como hermanos. No seamos indiferentes.

San Pablo nos habla claramente: “No vivimos entre ustedes sin trabajar, no pedimos a nadie un pan sin haberlo ganado, sino que trabajamos y nos cansamos día y noche para no ser carga para nadie (2 Tes. 3,7-8). Estamos finalizando el año litúrgico. No podemos quedarnos cruzados de brazos sin la perseverancia constante en el trabajo de la educación, en la toma de conciencia responsable, crítica y libre, que nos haga capaces de hacer realidad el reino de Dios, que está y se construye en la historia cotidiana. No podemos dejarnos engañar por falsos profetas, como nos recuerda Jesús. Es el tiempo de Dios, que nos invita a estar siempre atentos a descubrir lo bueno que hay en la humanidad y buscar juntos alternativas, que nos hagan capaces de reconocer la dignidad de todo ser humano y cuidar la naturaleza como don de Dios, puesta al servicio de todos. Seremos juzgados por el amor, por la constancia en hacer y construir la justicia de Dios, con compasión y misericordia. De cada uno depende ser fiel y responder con prontitud al Dios de la vida y de la historia. (DOMINGO 33. T.0. CICLO C. D. 13.11.2016. LC. 21,5-19)

 

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