Llamadosalafelicidad(Por: Fray Héctor Herrera).- Rosa y Miguel buscan trabajo. Han estudiado, cumplen con todos los requisitos. Son buenos profesionales. Han tocado las puertas de distintas instituciones. Por fin parece que iban a lograr un empleo. Pero les exigen los dos primeros sueldos. ESCUCHAR AUDIO

Ambos son creyentes ¿Qué hacer frente a una sociedad del acomodo, del aprovechador, de los compadrazgos y padrinazgos? ¿Cuándo llegará el día, se preguntan, en que no se pidan cupos y se evalúen a las personas por su capacidad y honestidad? 

Jesús conoce muy bien el corazón del ser humano, nos llama a la felicidad, según Mt 5,1-12, como habló a aquellos discípulos sencillos pescadores: Felices los pobres que ponen su total confianza en Dios y no se engañan adorando al dios dinero. Felices los que lloran por causa de los que se enriquecen con el sudor y lágrimas de los pobres, insensibles al dolor de los demás. Y sólo buscan su satisfacción en el confort, en el lujo, sin interesarles el hambre de los excluidos. Felices los que trabajan por la justicia, en la construcción del reino de Dios. Felices los que tienen sentimientos de compasión y justicia, son constructores de la paz, que no es pasivismo ni conformismo, sino que brota de la espiritualidad del evangelio, de la Buena nueva de Jesús. Felices los que tienen un corazón limpio para saber leer la realidad de la vida y contemplar el rostro de Dios, que se hace presente en la creación, en la defensa de los bosques y del hábitat para lograr un mundo mejor, defendiendo el agua. Felices los que sueñan con un mundo como Dios lo quiere, como dijo María: “porque se ha fijado en la humildad de su esclava y en adelante me felicitarán todas las generaciones” (Lc. 1,48).

Jesús nos habla hoy, con la fuerza de su Palabra, para que todos los creyentes despertemos a la verdad. Y nos recordemos unos a otros, que la comunidad cristiana, la Iglesia: no está formada por gente poderosa o que busca el poder como su dios, sino por la gente sencilla y humilde que busca a Dios con sincero corazón y que actualiza esa felicidad luchando por la causa de Dios y de sus hermanos. Y por eso seremos incomprendidos y rechazados, perseguidos por causa de su nombre.

Vivimos en una realidad de promesas y mentiras. Sin embargo la voz del profeta Sofonías nos recuerda la esperanza: “busquen la justicia, la humildad, tal vez así encontrarán refugio el día de la ira del Señor” (Sof. 2,3).

San Pablo nos recordará, estamos llamados a ser como el pequeño resto de Israel frente a un mundo violento, hay signos de esperanza, porque hemos sido escogidos en Cristo Jesús: “Gracias a Él ustedes son de Cristo Jesús, que se ha convertido para ustedes en sabiduría de Dios y justicia, en consagración y redención”(1 Cor, 1,30).

Tarea y misión nuestra es ver que: “Nuestros pueblos no quieren andar por sombras de muerte; tienen sed de vida y felicidad en Cristo. Lo buscan como fuente de vida. Anhelan esa vida nueva en Dios, a la cual el discípulo del Señor nace por el bautismo y renace por el sacramento de la reconciliación” (D.A. No. 350).( DOMINGO IV T.O. CICLO A. D. 29.01.2017.MT. 5,1-12)

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