Jesús - Aparición a los apóstoles(Por: Fray Héctor Herrera).- Pentecostés, quincuagésimo, fiesta de las siete semanas. En Israel era una fiesta agraria. La fiesta de la recolección (Ex23, 16; 34,22), luego se transforma en una fiesta que recordaba la promulgación de la Ley sobre el Sinaí. Venían a celebrar muchos judíos de todo el mundo. ESCUCHAR AUDIO

Hch 2,1-11, nos narra los cristianos recibirán el Espíritu Santo, como un viento, que significa la nueva creación en Cristo. Cincuenta días, después de la resurrección, Jesús les da la fuerza de su Espíritu, como nos dice Jn 20,19-23, para reconciliar, recrear la comunidad y para la misión.

El Espíritu de Dios, unifica aquella comunidad apostólica y les da fuerza y sabiduría para anunciar al resucitado. Porque el Espíritu es luz que ilumina y entra en el fondo del alma, quienes los oyen pueden comprender en su propia lengua, porque traspasa fronteras, lenguas y razas.
Jesús nos da la paz, fruto de la Justicia. El Shalom, el saludo de Jesús es un don de alegría para sus discípulos significa tranquilidad, discernimiento consigo mismo y con los demás, fortaleza contra toda injusticia, corrupción, inseguridad. La misión de la Iglesia naciente como la de hoy, tiene que ser profética. Instaurar el reino de paz, promover el derecho y la dignidad de todo ser humano, el cuidado de la casa común, porque “el efecto de la justicia será la paz, la función de la justicia, calma y tranquilidad perpetuas” (Is. 32,17)

Los discípulos al ver al Señor Jesús se alegraron (v.20). Porque “A partir de Pentecostés, la Iglesia experimenta de inmediato fecundas irrupciones del Espíritu, vitalidad divina que se expresa en diversos dones y carismas (cf. 1 Cor 12,1-11 y variados oficios que edifican la Iglesia y sirven a la evangelización (cf. 1 Cor. 12,28-29). (D.A. No. 150)

“Como el Padre me envío, así yo los envío a ustedes” (v.20). Nosotros la Iglesia, tenemos que continuar la misión de Jesús: “Nuestra fe proclama que Jesucristo es el rostro humano de Dios y el rostro divino del hombre. Por la opción preferencial por los pobres…nos compromete a servirlo en “los rostros sufrientes de los pobres que son los rostros de Cristo” (cf. DA. 392-393).

Somos discípulos que convocan a la unidad, por el Espíritu que une y que nos da diferentes dones al servicio del bien común, como lo recalca el Apóstol Pablo en 1 Cor 12,3-7.12-13. Por eso al leer esa hermosa secuencia de hoy decimos: “Ven Espíritu divino. Padre amoroso del pobre. Entra en el fondo del alma, divina luz y enriquécenos. Mira el vacío del hombre, si tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado, cuando no envías tu aliento. Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero. Reparte tus siete dones, según la fe de tus siervos; por tu bondad y tu gracia, dale al esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno”.

Hoy fiesta de la Iglesia, renace con la misma fuerza de Dios, para ser testigo de la verdad, la justicia y la paz, para reconciliar y sanar las heridas, para darnos la fuerza y el coraje para ser testigos del Resucitado, en medio de un mundo que necesita luz y claridad, para vigilar porque todo ser humano imagen viva de Dios sea respetada, amada y promovida en su dignidad como persona. Los valores del evangelio son garantía de fidelidad al Señor, si los cumplimos, en la renovación y recreación de la tierra. (PENTECOSTÉS. CICLO A. D. 04.06.2017 JN 20, 19-23)

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