Tus preferidoslospobresPor: Fray Héctor Herrera).-Mt. 11,25-30, Jesús exclama con alegría: “Te alabo Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultando estas cosas a los sabios y entendidos, se las diste a conocer a la gente sencilla. Sí, Padre, ésa ha sido tu elección” (vv. 25-26) ESCUCHAR AUDIO

Jesús nos muestra el verdadero rostro de un Dios amoroso y misericordioso que se encuentra con los humildes, que buscan vivir en paz, justicia, libertad y no ser sometidos, ni tomados en cuenta. En cambio los que buscan poder, prestigio, ser reconocidos, aunque no hagan nada a favor de los necesitados, cierran su corazón y su mente a Dios y a los pobres, porque su orgullo los ciega.

¿Quiénes son los pequeños? Son los excluidos de nuestra sociedad: niñas, os de la calle, gente sin cultura, sin trabajo, los que sufren la contaminación de los ríos, los que viven en situaciones de extrema pobreza víctimas de la violencia, los migrantes, los enfermos, los indígenas, a quienes se les imponen cargas pesadas, a los que se abusa por su desconocimiento. A ellos se dirigió Jesús y urge a su Iglesia, a hacer de ellos sus preferidos: a saber escucharlos, acompañarlos y trabajar por su dignidad como personas. Jesús se dirige a los poderosos de su tiempo, quienes creían tener en sus manos el poder de Dios y habían hecho de la Ley una carga insoportable con sus 643 preceptos y con un rigor de interpretación sobre purificaciones, ofrendas, sacrificios y descanso del sábado, que se convertía en un yugo deshumanizador.

Jesús nos dice: “Vengan a mí, los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy tolerante y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su vida. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera” (vv.29-30). El yugo de Jesús es el amor.

Las pesadas leyes de los fariseos imponían obligaciones que ni ellos eran capaces de cumplir” (Mt, 23,2-4), Jesús nos propone la ley del amor. Sólo el amor libera, dignifica y nos hace crecer y madurar en la vida, porque no es la ley del dominio y de la opresión sobre el otro, sino es reconocer que el amor de Dios nos mueve a amarnos y amar al otro.

Cuando uno comprende que su misión como creyente, en medio de los pobres, se basa en el amor a Dios, nos permite descubrir la cercanía y solidaridad con los más indefensos. Porque el Dios en quien creemos se nos ha dado a conocer en la humildad de Jesús como señala Zacarías 9,9-10. Si el mundo de hoy comprendiera que la carrera armamentista sólo lleva a la destrucción y a la guerra y en lugar de invertir tanto, se invirtiera en agricultura, alimentación, educación, salud, trabajo, tendríamos un mundo con rostro más humano, solidario y en paz.

Vivamos según el Espíritu de Jesús. Porque Cristo nos ha dado una nueva vida, porque el Espíritu de Dios habita en ustedes” (Rom 8,9). El amor de Dios será la luz y la fuerza para creer que Dios tiene un proyecto de amor con nosotros, en medio de los sencillos. (DOMINGO 14 T.O. A. D.09.07.2017. MT. 11,25-30)

   

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