Mateo-13-24-43Por: Fray Héctor Herrera).- Los agricultores saben podar las plantas, van cortando las malezas y cuidando de la buena semilla. Lo hacen con paciencia y esperanza que obtendrán buenos frutos. Mt 13,24-43, nos habla de la parábola de la cizaña. El reino de Dios se parece a la buena semilla, los enemigos siembran la cizaña, hay que dejarlos crecer juntos. Porque la cizaña es fácil de conocerla al cultivar el trigo. ESCUCHAR AUDIO

El reino de Dios se parece a un grano de mostaza. Está en medio de nuestra vida, cuando tú cambias tu corazón y no eres indiferente a la injusticia, a la corrupción, sino que acoges esa Palabra de Dios con amor y vas siendo como comunidad cristiana, signo visible de la presencia de Dios en el mundo. Porque como Iglesia tenemos que 1) tener una vivencia profunda con Jesucristo que nos lleve a una conversión personal y a un cambio integral de vida; 2) Esta experiencia se vive en comunidad. Porque la fe nos lleva a vivir el amor, la esperanza dentro de ella; 3) Necesitamos alimentarnos y profundizar la Palabra a través de la formación bíblica para crecer en nuestra fe y 4) Nos comprometemos con este crecimiento concreto del reino, evangelizando. Anunciando el reino de la vida, de la justicia, de la paz.

Jesús nos llama la atención, la historia no se construye en forma espectacular con intervenciones unilaterales de Dios, sino quiere nuestra libre participación. Sembrar el reino de Dios en medio de situaciones difíciles, como la levadura en la masa. Jesús nos llama a ser tolerantes y tener esperanza. Es posible amar a Dios en el más marginado y a estar abiertos al Espíritu de Dios que viene en ayuda de nuestra debilidad. Porque es Dios quien examina los corazones e intercede por los creyentes (Rom 8,26-27).

¡Qué diferencia entre el proceder humano que se rige por el autoritarismo y muchas veces viola los derechos humanos! ¡Y que poder y sabiduría de Dios nos muestra Jesús: el silencio y la humildad, la paciencia y la fortaleza, la esperanza que el reino de vida va creciendo, cuando amamos la vida, la protegemos y cultivamos esa cultura de vida por nuestra conversión a Dios y al prójimo; por el amor generoso y comprensivo para con el pobre y necesitado. Seremos constructores del reino de Dios si con perseverancia y la fuerza de la oración que se alimenta con la Palabra de Dios vamos construyendo como ciudadanos del reino la cultura de la paz. A través de esta parábola Jesús nos lleva al juicio escatológico, al final de los tiempos, Dios separará a los verdaderos ciudadanos del reino y la cizaña, los seguidores del maligno (vv. 38-39). ¿Cuál será el criterio de separación? El amor, el haber optado por la vida, la opción por el pobre y desvalido.

Amemos la vida. Porque en Jesús está la vida y es la luz en nuestro camino. Una verdadera conversión y encuentro con Jesús nos lleva a vivir la experiencia de fe en comunidad y a ser discípulos y misioneros de aquel que entregó su vida por amor. (DOMINGO 16.T.0. CICLO A. D. 23.07.2017. MT 13,24-43.)

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