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No temas, ten fe

Por: Fray Héctor Herrera).- Cuántas veces, encontramos a un papá o una mamá, angustiados porque su hija o hijo está enfermo. Mc. 5,21-43, recoge la experiencia de Jairo, jefe de la sinagoga, quien le pide a Jesús, que sane a su hija.

Jairo pertenece a una institución religiosa que no reconoce a Jesús, en ella no encuentra vida. Acude a Jesús, reconoce que él tiene vida y puede sanar a su hija. Jesús siente compasión ante la angustia de este padre, se pone en camino (v.23-24).

Una mujer que padecía una hemorragia hacía doce años (v.25), había gastado su fortuna en médicos y no lograba alcanzar la salud, piensa y dice: “con solo tocar su manto, quedaré sana” (v.28). Sufría doble marginación por su condición de mujer y por padecer de hemorragias. La ley la consideraba impura. Ambos rompen con la Ley: una “impura por acercarse al maestro” y el maestro por tocar a una “impura”. La mujer se postra ante él, asustada y temblando (v. 33). La actitud de Jesús es distinta a la de los maestros de la Ley y le dice: “Hija, tu fe te ha sanado. Vete en paz y sigue sana de tu dolencia” (v.34).

La fe de Jairo y de esta mujer, cambia nuestra mentalidad. Jesús ha venido para que tengamos vida y la tengamos en abundancia (Jn 10,10). Nos enseña a valorar la vida y la dignidad de la mujer. Los que creemos en el Dios de la vida, manifestada en Jesús, buscamos y valoramos la vida, porque “Dios no hizo la muerte, ni goza destruyendo a los vivientes” (Sab 1,13). Los que no creen en la vida, siembran la muerte y se burlan de la vida (v.40).

Jesús nos enseña, la vida vence a la muerte del egoísmo, la violencia e indiferencia. Hay vida, cuando existe generosidad, solidaridad, búsqueda por ayudar al enfermo, al agonizante, cuando salimos de la agonía del temor y desaliento. Y escuchamos la palabra de Jesús: “A ti, te lo digo levántate” (v.41). Comenzamos a caminar como la niña con fe, esperanza, optimismo, dejándonos tocar en lo más profundo de nuestro corazón por Jesús. Porque él tiene palabras de vida eterna. Él nos invita a descubrir la riqueza del amor y de la generosidad en el compartir.

Solo Jesús puede descubrirnos que nuestra vida tiene un nuevo horizonte, porque Él es el autor de la vida. Cada creyente y no creyente es responsable de proteger y promover la vida. La solidaridad de quienes tienen en abundancia, es un reto a la vida: compartir con los más necesitados, para mejorar su calidad de vida: “Que la abundancia de ustedes remedie en este momento la pobreza de ellos, para que un día la abundancia de ellos remedie la pobreza de ustedes, así habrá igualdad. Como está escrito: A quien recogía mucho no le sobraba, a quien recogía poco no le faltaba” (2 Cor. 8,14-15). (DOMINGO 13 T.O.CICLO B. D. 01.07.2018. MC. 5,21-43)

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