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Nos entregó a su Hijo único

Por: Fray Héctor Herrera).- Jn 3,14-21: Dios toma la iniciativa “Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que todo quien crea en él, no muera, sino tenga vida eterna” (v.16). Así, como Moisés, elevó la serpiente en el desierto para que el pueblo fuera sanado (Núm. 21, 8 s), Jesús exaltado en la cruz es fuente de vida y salvación (v. 14).

Jesús le anuncia a Nicodemo, el gran amor de Dios por el mundo “para quien crea en él tenga vida eterna” (v. 15). Jesús con su Padre Dios es uno nos muestra la ternura, el amor y la solicitud que tiene por sus hijos. Él vino para que el mundo se salve por medio de él (v.17).

Seguir a Jesús es optar por el amor que es luz, sin embargo, a veces preferimos las tinieblas del egoísmo (v.19). El amor de Dios no tiene límites, vivimos en tinieblas, porque rechazamos la luz de la fe.

El Padre envió a su Hijo Jesús con una misión, mostrarnos su amor, misericordia, compasión para que realicemos su reino de amor, justicia, verdad. Él nos abrió nuevos horizontes: la vida es un don, somos capaces de crear un mundo nuevo, basta nuestra respuesta personal y comunitaria. Hoy son muchos cristianos, en diversas partes del mundo que son perseguidos, secuestrados, asesinados por la cruz de Cristo, como el misionero salesiano indio, Tom, liberado después de 18 meses por el ISIS, que atacaron un asilo de ancianos en Adén, Yemen, donde asesinaron a cuatro misioneras de la caridad, el 4 de marzo de 2016.

¿Quiénes obran hoy como hijos de la luz? “El que obra conforme a la verdad se acerca a luz” (v.21). Acercarse a la luz de Cristo es estar dispuesto a entregar tu vida para hacer de tu hogar, un lugar de comprensión, crecimiento en valores, búsqueda por superar las incomprensiones, construyendo nuevas relaciones familiares y sociales. El mundo muere porque apaga la luz del amor y las relaciones que debían de ser justas se transforman en injustas, en odios, resentimientos, negatividades.

Dios en su hijo Jesús, se acerca a nosotros, dialoga como lo hizo con el maestro de la ley Nicodemo. Lo pone en nuestras manos, es un gesto de amor y solidaridad, para comprender su amor sin límites, y responder con una fe decidida que se manifiesta en una mejor calidad de vida. Porque quien cree en Él, trabaja por la dignidad y el respeto por la vida de todos.
La vida es luz, es darle un sentido profundo, reconocer que por su pura gracia y misericordia somos salvados. “Estábamos muertos por nuestros pecados y transgresiones. Seguíamos la conducta de este mundo” (Ef. 2,1-2).

¿Cuándo estamos muertos? Cuando nos negamos a amar y respetar la vida de nuestro prójimo, cuando hay indiferencia e inoperancia frente al mal que provoca el desastre ecológico, la insalubridad, el abuso contra los más débiles. Resucitamos a la vida, al amor, cuando escuchamos a Dios que nos habla en nuestra historia personal y comunitaria: “Dios rico en misericordia, por el gran amor que nos tuvo, estando nosotros muertos por nuestros pecados, nos hizo revivir con Cristo, ustedes han sido salvados gratuitamente” (Ef. 2,4-5). Apostar por la vida es vivir el misterio de la cruz y de la resurrección de Jesucristo. (DOMINGO IV DE CUARESMA CICLO B. D. 11.03.2018. JN 3,14-21)

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