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Presentación del Señor. Domingo IV T.O. Ciclo A. D. 02.02.2014. Lc. 2,22-40 Este niño es luz

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esluzLc. 2,22-40 nos describe la presentación de Jesús en el templo. Se producen dos ritos, su madre María, debía purificarse después del alumbramiento (Lv 12,8). Y el primogénito tenía que ser consagrado a Dios (Ex 13,1). Los padres de Jesús, están cumpliendo con la Ley por ser su hijo un varón judío “nacido bajo la Ley” (Gal 4,4). Por ser pobres, ofrecen dos pichones o tórtolas (v, 24).  ESCUCHAR AUDIO

El evangelio de Lucas, nos presenta a dos ancianos movidos por el Espíritu de Dios: Simeón quien toma en brazos a la criatura. Varón lleno de fe, quien bendice a Dios, diciendo: “Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador que has preparado y ofreces a todos los pueblos. Luz de las naciones y gloria de tu pueblo Israel” (vv. 31-32).

Sus padres estaban maravillados por lo que se decía del niño. En efecto con este niño morirá el antiguo Israel como Institución para dar paso a la salvación y luz para todas las naciones. Él vencerá las tinieblas del egoísmo y será la luz para quien quiera ser seguidor de la luz y de la vida (Jn 8,12). Él nos hablará como caminar con los ojos abiertos a Dios y a la realidad, para dejarnos invadir por su luz que ilumina nuestra vida (cf. Mt 6,32-33). Y su exigencia para todo discípulo es iluminar la vida no sólo personal sino como comunitaria con gestos de solidaridad y de amor (Mt 5,14).

Simeón le anuncia a su madre María que este niño será “señal de contradicción y una espada atravesará tu alma” (v.34-35).  Él será como los grandes profetas (Jr. 1,17-19; Is 50,5). Y con su muerte nos traerá vida con su resurrección, como lo dijo en la última cena (Mc 14,24).

Ana representa la mujer de la esperanza, quien probablemente había vuelto del destierro y que reconoce que este es la esperanza de la liberación de Jerusalén (v. 38).
Cuando los padres cumplieron con lo que ordenaba la Ley, volvieron a Nazaret. “El niño crecía y se desarrollaba lleno de sabiduría y la gracia de Dios permanecía con él” (v.40).

Hoy los creyentes tenemos que crecer en gracia y conocimiento de Jesús, en nuestras familias, en la vida religiosa, en las comunidades cristianas para crear lazos de una verdadera fraternidad, testigos de la luz de Jesús, proyectándonos en la búsqueda de la contemplación de Dios que escucha el gemido del pobre y desvalido y que crea condiciones más humanas y fraternas.

Sólo dejándonos encontrar por Jesús, viviremos mejor nuestro bautismo, renacidos con Cristo a una vida nueva. Porque por nuestro bautismo “hemos sido circuncidados en Cristo para resucitar a una vida nueva” (cf. Col. 2,11-12) a fin de dejar lo estático, las costumbres y estructuras que no nos permiten crecer para buscar la creatividad y la alegría del evangelio de Jesús, para revestirnos de sus mismos sentimientos y actitudes de salir de nuestros individualismos y poder proclamar que Jesús es el Señor de la vida y de la historia de los que buscan, arriesgan y apuestan por un mundo con rostro más humano, iluminado por Jesús.(Fr. Héctor Herrera, o.p.)

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