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DOMINGO 16 T.O. CICLO C. D. 18.07.10. LC. 10,38-42 ACOGER A JESUS Marta y María acogen con gran alegría a Jesús, como su huésped. Son los mismos sentimientos que experimenta cualquier persona cuando se encuentra con una persona conocida o que no ve después de mucho tiempo. La virtud de la hospitalidad era muy valorada entre los pueblos antiguos. Y Jesús nos llama la atención, Marta “la señora de casa” está muy ocupada en los quehaceres cotidianos, quería atender mejor a su amigo Jesús. Y María se sienta a los pies como discípula para escuchar al Maestro. Marta interrumpe la conversación de Jesús con María “Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio?(v.40). Ambas acogen al huésped. Pero Jesús nos da una lección hermosa sobre el verdadero sentido de la hospitalidad. A veces caemos en el peligro: ocuparnos de muchas cosas, en un activismo en la pastoral, o lo social, que no tenemos tiempo para escuchar y dialogar. Y olvidamos que hay que guardar el equilibrio en saber escuchar a Dios en nuestra vida, contemplando su Palabra, sus gestos, actitudes y orando. Y como ese diálogo nos abre hacia los demás para saber intercambiar ideas, proyectos y buscar juntos el bien común, respetando a la otra persona, siendo tolerantes. No se trata de quedar bien con los huéspedes, sino de un encuentro profundo entre personas, a través del darse y aceptarse mutuamente. “Fui extranjero y me acogieron”(Mt 25,35). El viernes 2 de julio del presente año un hermano de la Salle Paul Mc Auley, fue amenazado de expulsión por su defensa del medio ambiente, orden que ha sido suspendida. Este hecho nos muestra una actitud intolerante de parte de las autoridades, porque en la historia de la Iglesia en el Perú, siempre hubo una honda preocupación de defender la vida y el hábitat de los nativos, porque son personas con los mismos derechos que cualquier ciudadano, que no deben ser excluidos: “Ante la exclusión, Jesús defiende los derechos de los débiles y la vida digna de todo ser humano. De su Maestro, el discípulo ha aprendido a luchar contra toda forma de desprecio de la vida y de explotación de la persona humana”(DA. No. 112) La hospitalidad se basa en la contemplación del rostro de Dios, escuchando y practicando su Palabra y en el encuentro con el hermano, dialogando, acercándonos a su realidad y proyectando cómo nos realizamos como personas, sin minusvalorar al otro, sino descubriendo en el otro a un hermano que se sienta acogido, amado y protegido. Sólo en la escucha y en diálogo descubrimos el tesoro que es Dios en nuestras vidas. (Fr. Héctor Herrera, O.OP.) |