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Procesión con conversión Imprimir E-mail

Imagen del Señor de los Milagros hoy en primer recorrido procesional

Las formas de expresar la fe son como el lenguaje del amor, cada uno emplea el lenguaje que mejor se ajusta a su persona y se siente más cómodo: flores, un poema, regalar un objeto hecho con las propias manos… El mundo bíblico ofrece una variedad de comunicaciones con lo divino: quemar incienso (Salm 141,2), participar en procesión con palmas en las manos (Sal 118,27), bailar (2 Sam 6,15-16), peregrinar en procesión (Salm 122), entregar lo mejor de las cosechas (Num 15).

Nuestro pueblo tiene la misma sensibilidad religiosa; cuando llega octubre nos preparamos para manifestar nuestro amor al Señor: “acompañar” en procesión al Señor de los Milagros. Cuando vemos acercarse la querida imagen se alegra nuestro corazón y, tal vez, rezamos en unos minutos todo lo que no hemos rezado durante un año. Cuando se aleja de nosotros y su presencia empieza a desvanecerse, vemos con tristeza cómo Él se va alejando atendiendo las oraciones de otras personas.

Mucha gente sincera expresa su fe y su esperanza caminando junto con el Señor. Los pobres le llevan su dolor, enfermedades y frustraciones. Los peruanos llevamos la cruz en nuestros hombros, como el Cireneo cuya única participación en la Pasión fue pasar por Jerusalén a la vuelta de su trabajo en el campo y fue obligado a llevar la cruz (Mc 15,21).

Sin embargo, junto con la sinceridad de nuestro deseo de acercarnos al Señor, también hay mucha necesidad de conversión que, la mayoría de las veces, pasa inadvertida para organizadores de procesiones, hermandades y cofradías. La procesión por sí sola no cambia nuestro corazón, no transforma nuestra sociedad y regresamos de ella sin ningún propósito de reconciliación, sin ninguna enmienda en la conducta. Nos convertimos en peores cristianos porque creemos que con la asistencia a la procesión hemos cumplido una obligación religiosa y ahora nos queda aguardar que Dios haga su parte en la lista de pedidos que le hemos entregado.

Muchas veces las fiestas religiosas populares están enmarcadas en peleas vecinales, grupos que quieren controlar los programas, poca claridad en las cuentas. Algunas procesiones son acompañadas de consumo de alcohol, fiestas desordenadas y violencia. Se nos puede aplicar perfectamente la crítica del profeta Isaías a las celebraciones religiosas sin contenido: “Son ignorantes los que llevan su ídolo de madera y suplican a un dios que no salva” (Is 45,20b); “cuando extienden sus palmas, me tapo los ojos; aunque multipliquen las oraciones, no los escucho” (Is 1,15). La imagen tan querida se puede convertir en un ídolo cuando en nuestro corazón lo convertimos en un objeto material que salva independientemente de la sinceridad de nuestro corazón y la necesidad de conversión.

El Señor de los Milagros no es un ídolo, como afirman cada octubre algunos grupos que hacen campañas para que los católicos no asistan a la procesión; pero se convierte en un ídolo en el corazón de las personas que van a la procesión sólo como un acto social desarticulado de la vida privada y pública. Hay mucha escoria en las fiestas religiosas populares recubriendo el oro de la fe. La procesión, por muy bonita que resulte y por mucha participación de vecinos y devotos, no es más que un acto vacío si no toca a profundidad la vida de la gente; si no cambia nuestros corazones de piedra por corazones de carne listos para el perdón, caridad, acogida, para combatir la corrupción y todos los males que afligen a la sociedad peruana.

Un sacerdote misionero en Caravelí (Arequipa) me contó que para la fiesta patronal del pueblito donde trabajaba pidió al comité organizador que, por cada caja de cerveza que se comprara, debían entregar una bolsa de alimentos para el comedor infantil. El mayordomo y el comité se fueron a buscar a otro cura menos exigente. Ellos querían sólo la fiesta sin el acto de conversión.

Ojalá que las cofradías del Señor de los Milagros de nuestra diócesis, celebren con la alegría de bandas y luces de los “castillos”. Pero, con el mismo entusiasmo, se preparen para la reconciliación, ajustar sus vidas a la moral cristiana, asumir los cambios sociales más urgentes, y desterrar del corazón la lacra de la corrupción.

Cierta vez interrogaron al teólogo peruano Gustavo Gutiérrez si cargar la imagen del Señor de los Milagros era un acto pagano e innecesario para la fe. Él respondió: “Los que cargan la imagen del Señor son mayormente personas que diariamente ponen sobre sus espaldas bolsas de cemento, estibadores que cargan pesados fardos, trabajadores de construcción…ellos expresan su fe haciendo lo que saben hacer en su vida diaria, cargar un gran peso. No puedo esperar que ellos escriban un tratado teológico o una delicada poesía”. La Iglesia Católica valora y aprecia las expresiones de religiosidad popular que permitan a los creyentes expresar su fe; pero está llamada a educar a las hermandades y cofradías para que sus celebraciones sean consistentes con el espíritu de conversión que es propio de todo acercamiento sincero a Dios. Procesión con conversión. Ojalá que si en octubre escuchamos su voz, no endurezcamos el corazón (Salm 95,7-8).

REFLEXIÓN

DEL EVANGELIO DE HOY

Para llegar a servir, hay que aprender a sufrir

Dos de los discípulos de Jesús, valiéndose de su especial amistad con él (junto con Pedro eran los que le acompañaban como testigos en momentos singulares como la Transfiguración o la resurrección de la hija de Jairo), quieren gozar de los puestos de mayor honor en su Reino, que ellos intuyen y desean como un reino de gloria. Los otros se enojan, en el fondo porque albergan las mismas pretensiones.

Jesús los reúne y para que su reunión pueda llegar a ser un día unión permanente, les ofrece una instrucción de hondo calado: “los jefes de las naciones las dominan o tiranizan”.

Es la dinámica lógica del poder y su tendencia natural. En ella querían entrar también sus discípulos. Pero el Señor les dice: “entre ustedes nada de eso”.

Jesús está enviando a sus discípulos, les hace apóstoles. Ahora bien, el enviado de Jesús ha de seguir sus propios pasos, los del que les envía. Por tanto, no han de pretender ser servidos sino servir. Es la “inversión mesiánica” o el “rodeo cristológico”. Dicho vulgarmente, es poner la mesa patas arriba. Los últimos primeros y los primeros últimos. La sociedad se transformará –también la Iglesia- no desde el poder sino desde el servicio. El Maestro y Señor se pone de rodillas ante los discípulos para lavarles los pies.

Hoy es el día del Domund. Bien distinto, por cierto, al Domund de mi infancia, cuando los niños salíamos por las calles con aquellas huchas exóticas que representaban negritos, indios pieles rojas o indígenas del altiplano.

Con dinero o sin dinero, lo que el Señor quiere por encima de todo es que sus enviados, sus apóstoles, sirvan al hombre, especialmente al hombre del tercer mundo. De otro modo, al hombre empobrecido, sin trabajo y sin medios para sustentar su familia; al enfermo y al anciano; al confundido con el ruido de la gran ciudad, sin alma ni compasión; más confundido aún con la vociferación de muchas confesiones religiosas con mensajes ininteligibles, plagados con frecuencia de amenazas; al caminante perdido en sus preocupaciones, lejos de todo sentido trascendente de la vida y que bastante tiene con sobrevivir.

Desde las dos primeras lecturas de hoy, el no he venido a ser servido sino a servir, resuena con armónicos agudos y penetrantes:

1. Mi siervo, el justo traerá a muchos la salvación cargando con las culpas de ellos. Y con su dolor. Quien pretenda redimir a alguien sin asumir sus sufrimientos está muy equivocado. Nadie que quiera servir puede quedar incontaminado.

2. El Sumo Sacerdote que penetra en los cielos es el que ha sido probado en todo como nosotros. Ha compartido nuestra suerte. Cualquier segregación sacerdotal, en aras de una pureza mayor o de lo que sea, puede casar bien con el sacerdocio pagano o levítico, nunca con el sacerdocio cristiano.

Como Jesús en el Jordán, el discípulo-misionero ha de ponerse en la cola de los pecadores. No hay otra forma de seguir a Jesús que aprendiendo la obediencia con el sufrimiento. Sólo quien sabe sufrir aprenderá a servir. (Domingo vigésimo noveno ordinario - P. José María Yagüe)

 Comunicado de la Conferencia Episcopal Peruana

La vida es el fundamento
de todos los derechos humanos

Los Obispos del Perú, ante la discusión pública que se le ha dado en estos días al tema de la despenalización del aborto por violación y por malformación, consideramos necesario emitir un pronunciamiento en defensa de la vida. Publicamos algunos párrafos del comunicado.

“Afirmamos que no hay situación o dificultad humana que autorice matar a un inocente. Si se niega al niño por nacer su derecho a la vida caemos en el gravísimo riesgo de perder  la coherencia  que debe tener nuestro ordenamiento legal, pues tergiversamos gravemente el fundamento de la vigencia de los demás Derechos inherentes al ser humano: la defensa de la vida desde la concepción”.

“Hacemos una seria invocación para que todos nos unamos en la defensa de la vida sin distinciones ni cálculos políticos ni religiosos. Debemos exigir que no aparezcan leyes crueles inicuas que autoricen la eliminación de los seres más indefensos”.

“Pedimos a nuestros médicos, fidelidad a su juramento hipocrático de defender la vida y los exhortamos que procuren siempre la defensa de todas las vidas que tienen en sus manos. En el caso de mujeres embarazadas, la vida de la madre y de su hijo por nacer, merecen protección y cuidado, porque todo ser humano, nacido o por nacer, posee la misma dignidad y el mismo valor”.

“Invocamos a quienes tienen la grave responsabilidad política de legislar sobre estas materias para que por respeto a la verdad científica y protegiendo un valor esencial sobre el cual se apoya toda la doctrina universal de los Derechos Humanos, tengan el valor de defender la vida siempre y en todas las circunstancias ya que es un don que Dios ha dado a la humanidad”. (Lima, 16 de octubre del 2009)

 

DATOS CORTOS

SOLIDARIOS

Como culminación de la fiesta de Nuestra Señora del Rosario, la comunidad cristiana de la Parroquia San Pedro , ha querido contemplar la vida de Jesús con los más pobres del Hogar de la Paz. Y como un gesto de solidaridad cristiana toda la comunidad ha aportado con útiles de aseo, que servirán en parte a ayudar esta noble tarea de la gran obra de misericordia que realizan las Hermanas de la Caridad, de Madre Teresa de Calcuta.

Fr. Héctor Herrera, o.p. párroco y superior de la comunidad, agradeció a nombre de toda la familia dominicana, presente en Chimbote, ese llenarnos de Dios para comunicar a Dios a nuestros hermanos, sobre todo a los más pobres, teniendo hambre y sed de la Palabra de Dios que nos haga descubrir a Cristo en su Palabra, en el compartir el Pan

El acto de entrega al Hogar de la Paz, de los útiles recogidos durante la novena, se realizó, el pasado miércoles. ¡Apoya al Hogar de la Paz y Dios te bendecirá!

  PASTORAL UNIVERSITARIA

El próximo sábado 24 de octubre se realizará el primer Encuentro Diocesano de Pastoral Universitaria, en la que participarán estudiantes de las cuatro universidades presentes en nuestra ciudad. La actividad se realizará en la Casa Paz y Bien, de 9 a 5 p.m. y es abierta, previa inscripción en la Vicaría de Pastoral.

FIESTA EN RINCONADA

La parroquia Señor de la Agonía, ubicada en el poblado de Rinconada, distrito de Santa, celebrará su fiesta patronal como parroquia; con actividades que se inician el día 15 con la novena. El Obispo de Chimbote celebrará la eucaristía el próximo domingo 25 de octubre, a las 9 a .m. y después la comunidad participará de la procesión.

COLECTA DOMUND

Los misioneros son personas que van a otros lugares para hablar a los hombres de Jesús, enseñarles a rezar, para anunciarles la buena nueva. En el mundo existen actualmente 983 "territorios de misión" y en ellos trabajan casi 50 mil sacerdotes y 370 mil catequistas, casados o solteros, que trabajan a tiempo completo o parcial.

En nuestro país, DOMUND está promoviendo, la colecta nacional pro misiones para este 22 y 23 de octubre. La comunidad puede colaborar en las alcancías.

¡Gracias a todos los misioneros y misioneras que se encuentran sirviendo y llevando luz en las comunidades cristianas del campo y la ciudad en nuestra diócesis!

 
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