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Ministro del Ambiente: “Para acceder a tecnologías bajas en carbono debemos generar más riqueza” Imprimir E-mail

Chimbote, 10/12/2009 (Cecopros).- A continuación les ofrecemos una entrevista realizada al ministro del ambiente, Antonio Brack, publicada por el boletín SEMANAeconomica.com, en la cual nos da algunas apreciaciones a propósito de la Cumbre sobre el Cambio Climático en Copenhague, en la cual –según él- desde hace 15 cumbres los países no se logran poner de acuerdo en el tema ecológico.

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Por: Augusto Townsend K.

El ministro del Ambiente encabeza la delegación peruana que asiste en estos días a la Cumbre de Cambio Climático de Copenhague. Si bien guarda poco optimismo sobre los resultados de la cumbre danesa, el ministro cree que es posible luchar contra el calentamiento global sin obstaculizar la generación de riqueza en las economías emergentes.

¿Con qué expectativas viaja a Copenhague?

La verdad es que no quisiera ir, porque sé que no se va a adoptar un acuerdo vinculante. Van a haber acuerdos políticos, pero se seguirá negociando hasta el próximo año antes de que se logre un acuerdo post-Kioto, pues todavía no hay consenso entre los países del norte sobre la magnitud de sus reducciones de gases de efecto invernadero (GEI). Europa tiene una propuesta interesante, pero, más allá de eso, cada uno va por su lado, y no veo posible que se llegue a un acuerdo unánime.

El Perú, en tanto, está esperando que se implemente un fondo para la adaptación y mitigación del cambio climático, pues hemos calculado que el país necesita US$354 millones anuales para invertir en adaptación y mitigación en todos los sectores económicos. Y en lo concerniente a la conservación de los bosques, es decir, la tala evitada o el denominado programa REDD ( Reducing Emmissions from Deforestation and Degradation ), donde tenemos un grandísimo interés, vamos a ver hasta dónde llegan las discusiones.

A mi me toca presentar lo que el Perú está haciendo. A pesar de las demoras internacionales y todo lo demás, el país está avanzando. Ya tenemos un programa de conservación de bosques –Conservando Juntos– y nuestro compromiso es que en 10 años (al 2021) reduciremos nuestras emisiones en 45%, principalmente a través de la reducción de la tala de bosques.

¿No cree usted entonces en la utilidad de este tipo de reuniones?

Ésta es la 15ª Cumbre de Cambio Climático, es decir, nos hemos reunido 15 veces –ésta es mi segunda y, reitero, no me gusta ir– mientras que el consumo de combustibles fósiles ha aumentado, la emisión de GEI se ha incrementado y los bosques se han disminuido. Entonces, ¿vamos a reunirnos 15 años más para ver cómo la Tierra se deteriora mientras seguimos hablando sin decidir nada?

Es una negociación internacional harto complicada, dado que los países con mayores emisiones tenderán a ser los menos afectados por el fenómeno…

No diría que son los menos afectados, sino los que tienen la mayor capacidad de adaptarse, porque tienen dinero y tecnología. Nosotros, los países en vías de desarrollo, somos los que tenemos serios problemas.

Si antes el mundo superó otras crisis ambientales como la lluvia ácida o la perforación de la capa de ozono, ¿por qué se percibe como tan complicada la solución para el calentamiento global?

Con la lluvia ácida, por ejemplo, se quitó la causa –las fábricas que emitían muchísimo dióxido de azufre– y se disminuyó el efecto. Pero ahora, para evitar que la temperatura de la Tierra suba más de 2ºC, es necesario que se reduzcan las emisiones de GEI de manera drástica. Y si esto no se hace, vamos a tener grandes problemas.

¿Lograr un acuerdo internacional vinculante es la única alternativa? Hay quienes proponen que más útil sería trabajar primero en planes individuales por país de cambio de matriz o eficiencia energética, que sean más efectivos y fáciles de fiscalizar…

Claro, eso es lo que estamos haciendo nosotros. Aunque todavía no está aprobado el mecanismo REDD, el Perú ya lanzó su programa de conservación de bosques y lo está trabajando bilateralmente, con el apoyo de Alemania, Japón y otros países. Pero eso tiene que tener un reconocimiento posterior en términos financieros, que recompense al país por el esfuerzo que hace para controlar el cambio climático.

El Perú ha hecho varias cosas que merecen reconocimiento. A partir de enero del 2010 el diésel sólo tendrá 50 partes por millón (ppm) de azufre en Lima y Callao, hemos sacado el plomo de la gasolina y estamos fomentando fuertemente las inversiones en hidroenergía, para generar electricidad sin emitir CO 2 .

Pero así como existen los “negacionistas” del cambio climático, también existen los “negacionistas” de la negociación política internacional, que ignoran la complejidad inherente a esta última. ¿Cuán probable es llegar a un acuerdo de ese tipo?

Yo me encuentro a cada rato con ésos. Por ejemplo, se hace una reunión en el Congreso sobre cambio climático y algunos parlamentarios piden a voz en cuello que se le “exija” a los países desarrollados que nos recompensen. Eso suena muy bonito en el país si lo que se quiere es ganar votos, pero así no se hacen las cosas. El camino es más moderado, hay que hacer socios, trabajar conjuntamente.

En ese sentido, el problema principal es con las nuevas economías emergentes –China, India, Brasil, Rusia–, que se consideran países en vías de desarrollo y que, por tanto, tienen derecho a contaminar y están aumentando fuertemente sus emisiones.

China habla, por ejemplo, de reducir la intensidad del carbono por unidad de PBI producida, en lugar de comprometerse a una reducción de emisiones propiamente dicha. ¿Podría medirse el desempeño de los países emergentes con éste u otro tipo de indicador alternativo?

Sí, podría ser, pero habría que ponerse de acuerdo para que todos sean medidos con la misma regla.

Otro asunto relevante es el mecanismo de transferencia de tecnología baja en carbono. ¿Cuán sencillo será esto?

La transferencia de tecnología se hace a través de las empresas –que son dueñas del 80% de la tecnología en el mundo– y no te la van a dar gratis. Lo que tenemos que hacer, por tanto, es fomentar que se invierta localmente precisamente con esas tecnologías. En el Perú ya tenemos a Toyota y Honda vendiendo carros híbridos, por ejemplo. China acaba de lanzar el carro eléctrico y nuevas tecnologías de reforestación que podrían servirnos. Todo eso se está produciendo, la energía eólica, el combustible de hidrógeno. Pero para poder acceder a esas tecnologías, debemos ser un país que se desarrolle aun más, es decir, que genere más riqueza. No es lo mismo comprar un carro gasolinero de tecnología antigua que comprar uno de tecnología euro 4 o euro 5. Eso cuesta, y por eso necesitamos también bienestar.

El discurso ambientalista gubernamental a veces suena muy antiempresa, como si el cambio climático fuese a solucionarse a expensas de las empresas. ¿En qué medida se tiene que hacer un mayor esfuerzo por alinear ambos intereses?

Sin duda se trata de un esfuerzo que tenemos que hacer juntos. Eso es precisamente lo que buscamos en el Ministerio del Ambiente con el programa de ecoeficiencia empresarial. Queremos trabajar juntos, no pelearnos. Sabemos que en el Perú hay empresas que tienen mala tecnología, pero tenemos que ver justamente cómo las llevamos a mejorar esa tecnología, y en algunos casos tendrá sentido dar ciertos incentivos para que ello ocurra.

En EEUU algunas empresas como Nike o Apple se han apartado o cuestionado a sus gremios por sus políticas ambientales. ¿Cuánto está cambiando la mentalidad de los empresarios en materia ambiental?

Todavía hay muchos “empresaurios”. Pero otros líderes están advirtiendo que ser ambientalmente amigable resultará a la larga comercialmente conveniente para sus negocios. El usuario que compra sus productos será el que finalmente decida.

Pero ese mismo ciudadano es el que, más allá de las noticias sobre el derretimiento de los glaciares, “no ve” el cambio climático, pues el aumento del CO 2 es invisible a los ojos…

Efectivamente. El calentamiento global es algo anónimo, que sucede en un tiempo largo y que no es constatable como un terremoto o un fenómeno del Niño. Y también hay lo que se llama el “síndrome del Titanic”. Cuando el Titanic chocó contra el iceberg la orquesta siguió tocando y la gente bailando, porque todos pensaron “no hay forma de que este barco se hunda”. Y se hundieron.

El asunto es que hay que crear la responsabilidad y la visión de largo plazo. Pero también es cierto que cualquier problema se le atribuye al cambio climático. Algunos dicen, por ejemplo, que en el 2015 no va a haber agua en Lima. Esta es una mentira flagrante. Si Lima trata sus aguas servidas y las reintegra al circuito de uso de agua en lugar de botarlas al mar, tendremos 100% más agua, punto. Hay mucho alarmismo, muchas ONG con buena voluntad pero que terminan diciendo cualquier cosa.

Y también se han descubierto y difundido unos emails que parecen indicar que algunos científicos estaban censurando las opiniones disidentes en el debate sobre el cambio climático…

Podría ser cierto. Pero hay que tener en cuenta algo. Si un científico escribe un nuevo libro sobre los efectos del cambio climático, posiblemente sea uno de los tantos que ya lo ha hecho. Pero si escribe un libro diciendo que todo es una gran mentira o una conspiración internacional, probablemente venderá más. Por ello, es fundamental comprender los intereses de quienes participan en este debate. (Entrevista publicada en semanaeconomica.com)

 

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