Retos en la educación técnico-profesional 

Chimbote, 15/12/2009 (Cecopros).- En el Perú, unos 400,000 jóvenes, y hasta adultos, se preparan en los diversos niveles de la formación técnico-productiva y profesional no universitaria. Además, muchos aprenden sin estudios formales en el diario quehacer del trabajo. A continuación les ofrecemos una importante artículo sobre este tema de actualidad.

Retos en la educación técnico-profesional 

Hugo Díaz Díaz

Uno de los desafíos más importantes del mundo contemporáneo es ciertamente cómo incorporar al mundo laboral a los jóvenes que van por primera vez a él, así como a los adultos que deben cambiar de trabajo por diversas circunstancias.

Es un axioma que para conseguirlo, o para que cada uno cree su propio puesto de trabajo, es imprescindible que cada quien posea una serie de conocimientos, cualidades y competencias, los cuales ordinariamente, no siempre, se adquieren mediante una adecuada Educación Técnica y Formación Profesional que comprende experiencias en sitios de trabajo.

Es un hecho de que no todos los jóvenes (o en su caso mayores) desean hacer estudios profesionales en las denominadas carreras liberales, o sencillamente no pueden hacerlo por problemas económicos, debilidades en la preparación básica, no tener las capacidades requeridas, u otros. Esto hace que buen número de ellos tome como opciones alternativas: o una educación técnico-profesional ajena a la Universidad , o una validación de sus competencias. Esto último en el caso de que hayan adquirido una serie de calificaciones laborales por medios no regulares, o mediante el trabajo. Es esta una forma muy adecuada que permite, que quien posee competencias, aunque no haya seguido estudios formales, pueda obtener un reconocimiento oficial de sus saberes teóricos y prácticos.

Esta nueva situación, impensable hace 50 años, está permitiendo que muchos jóvenes (y también mayores que siguen procesos de reconversión) encuentren oportunidades laborales más dignas para su autoestima, con mejores salarios y con gran posibilidad de salir de la pobreza, claro está, en la medida que sigan una educación técnico-profesional y formación laboral, u obtengan una certificación oficial de su competencia laboral. En el Perú, unos 400,000 jóvenes, y hasta adultos, se preparan en los diversos niveles de la formación técnico-productiva y profesional no universitaria. Además, muchos aprenden sin estudios formales en el diario quehacer del trabajo.

Esta situación esperanzadora y animante para las propias personas, familias, sociedad y Estado, ha convocado al aporte de la OEI y la Fundación Santillana , las cuales han reunido en un libro diversos estudios de especialistas de Latinoamérica y el Caribe y lo han presentado bajo el título: “Retos actuales de la educación Técnico profesional". Los especialistas Francisco de Asís Blas (España) y Juan Planells (Panamá) han tenido a cargo la Coordinación bajo la dirección de Álvaro Marchesi, Director de la OEI (Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación , la Ciencia y la Cultura ). En este artículo se reseñan algunos aspectos de particular interés.

Aspectos importantes a tener en cuenta.

•  Se hace necesario que la Educación Técnica y la Formación Profesional ofrezcan nuevas alternativas , lo cual implica otras vías de reconocimiento de cualificaciones más abiertas y flexibles para aquellos que poseen competencias laborales que exigen oficialización, tal cual señalan Blas y Planells (2009).

•  El trabajo manual y técnico requiere cada día mayor desarrollo intelectual. Es decir, capacidades cognitivas o “competencias blandas”, ya que el uso de la tecnología moderna necesita una guía intelectual mucho más desarrollada. En otras palabras, exige competencias generales de mucho mayor nivel que en el pasado.

•  Estas competencias generales piden competencias básicas que se desarrollan en la Educación General. Son aquellas que tienen que ver: “…con la lectura, la operación con números y la comprensión lectora” (Fernando Vargas 2009). De lo contrario, ¿cómo entender, sin un gran avance en la comprensión lectora por ejemplo, modernos y cada vez más complicadas manuales sobre uso y compostura de máquinas?

•  La nueva educación permanente no va solamente al logro académico certificado, sino que “busca generar competencias para la vida, entre las que se incluyen los valores básicos para la ciudadanía…” (ibídem).

Un asunto básico: las cualificaciones profesionales.

Antonio Ruedas (2009) considera, como otros muchos autores, que las cualificaciones profesionales “tienen grandes potencialidades…para solucionar un amplio abanico de problemas que se plantean en la producción, en el empleo y en los sistemas formativos…”, digamos que constituyen un reto central en la Educación Técnico-Profesional.

El mismo autor nos acerca a un concepto claro : “Por el momento, puede definirse un sistema de cualificaciones profesionales (SCP) como todos aquellos dispositivos, normas y procedimientos de un país que, de modo articulado y coherente, regulan y ordenan qué es una cualificación profesional y cómo ésta se reconoce, adquiere, evalúa, acredita y registra”. Las preocupaciones por las cualificaciones partieron de Inglaterra y fueron asimiladas primero por otros países anglosajones.

El sistema de cualificaciones de un país tiene gran importancia porque, entre otros: impulsa nuevos aprendizajes; estimula el aprendizaje permanente; ayuda a vincular educación, trabajo y producción; proporciona trasparencia al intercambio de oferta y demanda de cualificaciones laborales.

Al respecto, la OIT (Recomendación 195 de 2004) ha aconsejado: “marcos nacionales de cualificaciones”, a fin de “facilitar el aprendizaje permanente, el ajuste de la oferta y demanda de competencias en el mercado de trabajo y para facilitar el reconocimiento de competencias adquiridas a lo largo de la vida laboral” (Antonio Ruedas) Al respecto, los países iberoamericanos, y desde luego el Perú, han emprendido una activa campaña, tanto por medio de la legislación y normatividad, como por la creación de organismos específicos.

El uso de estándares de competencia.

•  Se suele entender el término “estándar” en el sentido de “niveles de referencia” o resultados esperados de una formación, los cuales son acordados entre las instituciones u organizaciones formativas y los diversos actores del sistema e implican un determinado nivel exigible y predeterminado de la formación…” (ibídem).

•  Entre los británicos se utiliza la expresión: “estándar ocupacional de competencia”, el cual permite expresar “los resultados requeridos en la producción y el empleo”. De todas formas estos estándares constituyen la expresión operativa más elemental de competencia.

•  Los estándares de competencia deben ser establecidos de acuerdo al análisis de los procesos de producción de bienes y servicios y deben expresar los resultados (funciones) que deben conseguirse en la producción.

•  Aunque las principales ventajas de los estándares son evidentes, es oportuno también hacer ver lo positivos que son para establecer los diseños curriculares para la educación técnica y formación profesional. Por otra parte, también por su importancia para evaluar y certificar a quienes adquieren competencias por medios no clásicos.

•  Como los estándares son aplicables a todos los sectores productivos, la utilidad más importante parece ser su utilización para establecer un catálogo de cualificaciones profesionales que sea aplicable a todos los sectores productivos de un país (Ruedas)

La validación y/o certificación de las competencias.

El autor de otro importante artículo, Francisco de Asís Blas, señala que el término validación (que él prefiere) implica dar valor a lo adquirido como competencia en el trabajo y/o por un seguimiento informal. La certificación, en cambio, es lo clásico de quien realiza más bien un seguimiento regular. Los dos se usan y, teniendo sus peculiaridades, son válidos.

Importancia de la validación

•  Son muchas las personas, particularmente en los niveles de cualificación inferior (1,2 y 3), que adquieren competencias profesionales mediante el desempeño laboral, u otros, pero no de manera formal. Por lo mismo, no son reconocidos y disminuyen las posibilidades a la hora de la empleabilidad. Por ello, la Unión Europea ha asumido un liderazgo en la validación de competencias profesionales a quienes se encuentran en estas circunstancias.

•  En un nuevo paradigma como es el de la educación a lo largo de la vida, la validación es un elemento importante que certifica lo que se ha aprendido en el transcurso de la misma.

•  La validación otorga nuevas oportunidades de promoción laboral al permitir ir sumando competencias validadas

•  Asimismo incentiva, a quienes poseen competencias, a completarlas y presentarlas para una validación.

Las competencias y alguna reflexión adicional.

La Educación Técnica y la Formación Profesional , en las últimas décadas, están promoviendo un diseño curricular por “competencias”, al igual que otros niveles del sistema educativo

Parece muy cierto que se ha dado un paso muy acertado al procurar que los técnicos y profesionales posean competencias certificadas por calificaciones previas y oficiales. Ello garantiza que la persona posee las habilidades correspondientes. En otras palabras, que no solamente se conoce la teoría, cosa que con frecuencia ocurría en el pasado y aún en la actualidad, sino que se sabe ejecutar las tareas previstas.

Según Fernando Vargas (2009), se puede entender por “competencia” una capacidad que va más allá de la posesión del conocimiento y las habilidades y está conformado por: competencias cognitivas; habilidades o saber hacer; y la “competencia ética”, que abarca ciertos valores personales y profesionales.

De todas formas, el querer englobar toda la formación de una persona en “competencias”, como a veces se pretende en ciertos planteamientos, es muy difícil, debido a que la formación de la persona abarca mucho más que los aspectos técnico-profesionales y sus perspectivas laborales.

Es que una educación integral tiene otras áreas también distintas, independientes e incluso tanto o más importantes, las cuales no pueden ser abarcadas por una educación solamente por “competencias”. Así: el equilibrio y madurez personales; el correcto desarrollo de la personalidad espiritual; la relaciones familiares; la superación de problemas y crisis; la búsqueda de la felicidad; el desarrollo de la solidaridad; y muchas cosas más, no pueden ser comprendidas por una esquema educativo de exclusivas “competencias laborales”, aunque ellas impliquen ciertos valores y ética. Esta sería una observación o aporte al libro. Nada de esto quita el excepcional aporte de las “competencias” en el mundo sobre todo del “hacer”, al igual que los estándares ocupacionales, validación y certificación, como se ha podido comprobar a través de este escrito.