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Y comenzó en Galilea

Por: Fray Héctor Herrera).- Juan, experimenta, amar a Dios es establecer la justicia y el derecho, a favor de los pobres. Herodes Antipas, cuestionado por su poder y conducta, lo mete en la cárcel, porque le resultaba molesto, como hoy resultan molestos al poder, quienes cuestionan desde el Evangelio la raíz de las injusticias.

Mc. 1,14-20, con Jesús, se inicia una nueva etapa en la historia de salvación, quien se dirige a Galilea un pueblo pobre; despertando la esperanza. “Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios; arrepiéntanse y crean en la Buena noticia” (V.15). Con Él ha llegado el reino de Dios. Es la soberanía de Dios, nos pide un encuentro personal con Él, un cambio de vida y fe.

Jesús sale a nuestro encuentro, se solidariza con todos. Camina, junto al lago. “vio a Simón, y a su hermano Andrés que echaban las redes para pescar” (v. 16). Entra en su vida y la nuestra, en el trabajo concreto y nos llama. “Vengan conmigo” (v.17). Necesita una respuesta pronta y coherente. Llama a Santiago y Juan. ¿Qué nos atrae de este joven nazareno? Su alegría, sentir la presencia de Dios y su proyecto, que se concretiza en una nueva vida de fraternidad, justicia, paz, solidaridad. Contagia, cambia tu vida, como lo hizo con los pescadores del mar de Tiberíades. “Dejaron las redes y lo siguieron inmediatamente” (18). No significa abandonar el trabajo, sino apartarse de los “proyectos de este mundo”. Apartarse del mal: ambición de poder, dominio, aprovecharse del otro, tratar inhumanamente a la persona, injusticia y violencia. Separarse de lo que se opone al proyecto de Dios, para experimentar un cambio en nuestra vida: seguir a la Persona de Jesús y hacer nuestros los valores del reino que anuncia.

Encontrarse y seguir a Jesús, es buscar el rostro de Dios cercano y misericordioso que incluye a todos, quien nos llama a un cambio personal y profundo en nuestra propia vida que sea un testimonio vivo del seguimiento al Maestro. Él nos propone ante la idolatría del poder, sexo y dinero, y ganar el mundo, el valor supremo es Dios ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo, si pierde su vida? (Mc 8,36). El discípulo aprende como su maestro a gastar la vida por los demás. Frente al individualismo nos llama a vivir en comunidad y a caminar solidariamente juntos” (cf. D.A. 110). “Ante la exclusión, Jesús defiende los derechos de los débiles y la vida digna de todo ser humano. De su Maestro, el discípulo ha aprendido a luchar contra toda forma de desprecio de la vida y de explotación de la persona humana” (DA. 112)

El amor a Dios y a los hermanos, nos lleva a cambiar de mentalidad y comportamientos. Así lo entendió Pablo, camino a Damasco, persiguiendo a los discípulos de Jesús. Lo escucha: Saulo ¿Por qué me persigues? ¿Quién eres? Yo soy Jesús, a quien tú persigues (Hech 9,5). Jesús le dice a Ananías: “ese es mi instrumento para difundir mi nombre entre los paganos” (15). Tú, nosotros podemos cambiar en nuestro aprecio, acogida y ser signos de fraternidad y testigos del evangelio de Jesús.

Jesús que nos habla en medio de la pobreza y exclusión para defender el derecho a la vida, libertad, verdad, si hacemos de nuestra vocación cristiana una continua revisión de vida a la luz del Evangelio. ¿Qué espera Jesús hoy de mí, de ti, de nosotros? ¿Somos signos del reino de Dios en nuestra historia?”. (DOMINGO Tercero. CICLO B.D. 21.01.2018. MC. 1,14-20.)

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