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Como semilla pequeña

Por: Fray Héctor Herrera).-  Mc. 4,26-34: El sembrador siembra en su campo el grano de cebada, maíz, trigo y mientras duerme ve que al día siguiente la semilla va germinando y creciendo hasta dar fruto.

Dios es quien siembra. El germen de la vida es el grano, la Palabra de Jesús, germina en nuestra vida, acogiéndola y haciendo nuestro su mensaje de amor, justicia, libertad, verdad. Nuestros corazones son esa tierra fértil, el grano, la Palabra de Jesús. Nos presenta en estas parábolas la semilla insignificante, va creciendo, madurando y dando frutos en los que acogen la Palabra de Dios con sencillez (v 26-29). Los pobres que abren su corazón a Dios son los primeros a quienes Dios se manifiesta (Mt 11,25-30). El reino es como un grano de mostaza que crece y echa ramas grandes (V. 30-34).

Misión de todo cristiano, discípulo y misionero de Jesús es sembrar vida, viviendo el evangelio con coherencia. Los discípulos de Jesús a lo largo de la historia, lo vivieron, como el Obispo y mártir de la Rioja-Argentina Enrique Angelelli, el misionero P. Sandro Dordi, identificado con los campesinos del valle del Santa, Perú. Promovía la vida y los derechos de niños, mujeres, con locales comunales, talleres, iba sembrando la semilla de Dios en la vida de esos pueblos. Sabía que su vida corría peligro y acompañaba a sus comunidades en medio de una sociedad que sufría la violencia. Como buen pastor y papá, seguía a su maestro Jesús. Lo asesinaron. De su sangre brotaba nueva vida, en las comunidades cristianas, germinando una nueva vida de fe en Jesús, Señor de la vida, que vence los egoísmos y los corazones endurecidos de quienes no aceptan los valores del reino de Dios.

La semilla crece. Si abrimos nuestro corazón a la Palabra de Dios, dejándola germinar en nuestras vidas. Descubrimos la necesidad de apoyarnos y ayudarnos unos a otros, en la defensa del agua, aprendiendo nuevas técnicas de regadío y de sembrado, a comunicarnos, defender la seguridad ciudadana frente a tanto crimen y mentira. Cuando los padres de familia acompañan a sus niños, as, en todo el camino de la fe, maduran y crecen con ellos. La alegría de un futuro mejor lleno de optimismo y de retos de solidaridad se hace más firme, porque estamos seguros y firmes en aquél en quien confiamos (2 Cor 5,6).

“En el lenguaje evangélico la semilla es símbolo de la palabra de Dios, cuya fecundidad es invocada por esta parábola. Así como la humilde semilla se desarrolla en la tierra, así la Palabra obra con la potencia de Dios en el corazón de quien la escucha. Dios ha confiado su Palabra a nuestra tierra, o sea a cada uno de nosotros, con nuestra concreta humanidad.

La palabra de Dios hace crecer, da vida. Y aquí quiero recordarles la importancia de tener el Evangelio, la Biblia al alcance de mano. El Evangelio pequeño en la cartera, en el bolsillo, de nutrirnos cada día con esta palabra viva de Dios. Leer cada día un párrafo del Evangelio o un párrafo de la Biblia. Por favor no se olviden nunca de esto, porque esta es la fuerza que hace germinar en nosotros la vida del Reino de Dios. (Homilía de S.S. Francisco, 14 de junio de 2015).

Confianza, alegría, esperanza y transparencia en vivir el reino de Dios, nos permitirá ser testigos de Cristo en el respeto a la vida y los derechos de toda persona. (DOMINGO 11 T.O. Ciclo B.D. 17.06.2018. MC. 4,26-34)

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