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¿Dónde vives?

Por: Fray Héctor Herrera).-  Jn 1,35-42: Juan Bautista, estaba con dos de sus discípulos, Andrés y Juan. Al ver pasar a Jesús, les dice: “Ahí está el Cordero de Dios” (v.35). Lo siguen y le preguntan ¿Dónde vives? Vengan y vean (v.39). Experimentaron dónde y cómo vivía y se quedaron con él. Siguieron a Jesús porque encontraron en Él un nuevo sentido a su vida. Para ser discípulos hay que encontrarse con Jesús y experimentar la fe. Es la iniciación de todo discípulo, dejarse conducir por Jesús para creer y vivir un estilo de vida, y comunicar a los demás esta experiencia de fe, como lo hizo Andrés con su hermano Simón Pedro: “Hemos encontrado al Mesías, a Cristo” (v.41)

El encuentro con Jesús, de estos discípulos transforma sus vidas y sienten la necesidad de comunicarlo y anunciarlo a los demás. Es su experiencia personal, la que los hace alegres y capaces de comprometerse con Jesús. Porque Él es la Palabra de vida: ejemplo y testimonio de su entrega total. “Él es el primer y más grande evangelizador enviado por Dios (Lc 4,44) y, al mismo tiempo el Evangelio de Dios (Rom.1,3). Como hijos obedientes a la voz del Padre, queremos escuchar a Jesús (Lc 9,35) porque Él es el único Maestro (Mt 23,8). Sus palabras son espíritu y vida (Jn 6,63.68) (D.A. 103).

Estamos llamados por vocación a ser testigos de palabra y de obra, de modo que la gente vea coherencia de vida y compromiso. Somos cuerpo de Cristo, una comunidad.
Pablo frente al libertinaje sexual en Corinto (1Cor 6,13.15.17-20), nos motiva a los creyentes a vivir rectamente, a cuidar nuestra vida integralmente, a respetar y trabajar contra la trata de personas. ¿No saben que su cuerpo es santuario del Espíritu Santo, que han recibido de Dios y habita en ustedes? (v.19).

Vivir nuestra vocación cristiana es un llamado constante de Jesús: “Vengan y vean” (v.39). Él nos indica la experiencia del amor, la justicia, la libertad, trabajando como Iglesia por la dignidad y mejores condiciones de vida más humana para todos.

Nuestra vocación cristiana vivida en comunidad, nos lleva a ser conscientes que “existe una miseria, que con frecuencia es el resultado de injusticias y provocada por el egoísmo, que comporta indigencia y hambre y favorece los conflictos. Cuando la Iglesia anuncia la Palabra de Dios, sabe que se ha de favorecer un “círculo virtuoso” entre la pobreza “que conviene elegir” y la pobreza “que es preciso combatir”, redescubriendo “la sobriedad y la solidaridad, como valores evangélicos y al mismo tiempo universales…Esto implica opciones de justicia y de sobriedad” (V.D. 107. La Palabra de Dios en la vida y la misión de la Iglesia). Busca a Dios en el silencio y te encontrarás con Él, descubrirás un nuevo sentido a tu vida y la alegría de servirlo en tus hermanos. (Domingo II. T.O. CICLO B. D. 14.01.2018. JN. 1,35-42.)

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