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Ha llegado la hora

Por: Fray Héctor Herrera).- Jn 12,20-33: Ante la petición de los griegos a Felipe, que quieren ver a Jesús (v. 20-21). Jesús responde: “Ha llegado la hora de que el Hijo del hombre sea glorificado” (v.23). La hora, aparece tres veces en el evangelio de Juan, se refiere a la pasión, como glorificación”.

En el diálogo con la samaritana, Jesús había anunciado: “créeme mujer, llega la hora que ni en este monte, ni en Jerusalén, se dará culto al Padre” (Jn 4,21) “Pero, llega la hora y ya ha llegado, en que los que dan culto auténtico adorarán al Padre en espíritu y en verdad” (Jn 4,23) Ver a Jesús, es ver en él, el nuevo templo.

El servicio de amor, entrega, misericordia, es lo que define la hora de Jesús y de todo cristiano: “si el grano de trigo caído en la tierra, no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto” (v.24). Es el momento supremo del amor de Jesús. Se refiere a su pasión, que es el mayor servicio a la humanidad: dar su vida para que en él tengamos vida. Él nos revela al Dios de la vida. Quien se busca a sí mismo pierde el horizonte de la vida, en cambio quien la entrega por amor a sus hermanos, le da un nuevo sentido. Vemos numerosos ejemplos de cristianos laicos comprometidos en medios de comunicación, salud, catequistas, pastoral familiar, carcelaria, promotores de justicia y paz dando testimonio de Cristo en medio de dificultades.

El servidor de Jesús está allí donde está Jesús (v.26), dando testimonio de servicio y de entrega. Recuerdo a la Hna. María Teresa Ruíz, o.p. con que amor y entrega dedicaba su vida a los enfermos de uta, a los cargadores y trabajadores más pobres. Entregó su vida por los pobres y aún en su enfermedad de cáncer me decía: uno mis sufrimientos a la pasión de Cristo, para que los pobres tengan una mejor calidad de vida. A veces como los judíos no queremos entender ni comprender a Jesús.

Las palabras de Jesús, causan desconcierto entre sus discípulos, muchos lo abandonan. El evangelio, pasa de judíos a gentiles, representados por los griegos.

Jesús siente angustia, como hombre, frente a una muerte injusta (v.27). Pero encuentra en su Padre la fuerza que lo glorifica. En Jesús muerto en la cruz, se manifiesta la gloria en su resurrección. El mundo ha sido juzgado en su muerte y resurrección. El triunfo de la vida sobre el pecado y la muerte manifestado en diversas formas de injusticias: el no respeto por la vida humana, la violencia, niños muertos como en Guta Oriental, Siria, ceguera de egoísmos frente al hambre, la desocupación y el maltrato a la persona y al medioambiente.

“Cuando yo sea elevado de la tierra, atraeré a todos hacia mí” (v.32). Es en la cruz donde los cristianos tenemos vida. Es confrontar nuestra vida: ¿cómo vivimos con Jesús y como lo comunicamos a los demás? ¿Servimos y amamos como Jesús a nuestros prójimos? ¿Optamos como Jesús por los más desvalidos para que tengan nueva vida? ¿Cómo somos testigos de la vida? (DOMINGO V DE CUARESMA. CICLO B. D. 18.03.2018. JN 12,20-33)

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