(joven-levantatePor: Fray Héctor Herrera).- Jesús sintió compasión de la viuda de Naín, porque no sólo perdía a su único hijo, sino no iba a ser reconocida en su dignidad. Todos tenemos que defender la vida ante el dolor de tantas madres que aún lloran a sus hijos desaparecidos, o que aún no encuentran sus cadáveres por la violencia que vivieron. De esta realidad muerte y vida nos habla el evangelio de Lc. 7,11-17. ESCUCHAR AUDIO

Jesús camina con sus discípulos a la ciudad de Naín, se encuentra con un joven muerto, hijo único de una viuda (12). Sintió compasión por ella. Le dice: No llores (v.13). Su testimonio nos invita a los cristianos, a detenernos, mirar nuestra realidad para ver a las viudas y mujeres que pierden a sus seres queridos, víctimas de enfermedades, guerras, violencia, asesinatos. Sentir esa compasión y ternura de Jesús, actuando con prontitud y sinceridad, consolar, acompañar y trabajar en defensa de la vida, frente a la cultura de muerte. Jesús toca el ataúd y le dice al muchacho: ¡Levántate! “El muerto se incorporó y empezó a hablar (v.19). Jesús vence la muerte con la vida. Nos da esta misión: valorar, trabajar en defensa de la vida, acompañar a las víctimas y reparar los daños morales a las víctimas de la violencia. Escuchar a la Comisión de la Verdad y reconciliación, para que nunca más se repitan los asesinatos y muerte de tantos inocentes, en diversas partes del mundo.

Jesús nos enseña, la defensa, protección y seguridad de la vida humana. Porque la vida es un don de Dios. Jesús se lo entregó a su madre con vida. ¡Cuánto tenemos que hacer los cristianos hoy restituir el sentido de la vida, la fe, la esperanza de los más pequeños! Devolver la credibilidad a todo un pueblo, es posible amar la vida y su sentido pleno, porque creemos en Jesús, el señor de la vida. Él es nuestra vida y salvación. Esto requiere de una gran humildad para reconocer los atropellos que se cometen contra la vida del ser humano, de diversas maneras. Y creer que Jesús es el gran profeta que sigue visitando a su pueblo (v.16). Que Él nos manifiesta la ternura y la vida de Dios, el Señor de la vida, que en toda la historia nos habla por boca de los profetas como Eliseo que devuelve la vida del niño (1 Re 17,17-24).

Los cristianos no podemos permanecer indiferentes ni estar desesperanzados y sin optimismo. Es posible tener ese espíritu de Dios para amar la vida, consolar al que sufre y despertar la esperanza viva en Jesús, Palabra viva que nos da la vida y nos hace esforzarnos por crear condiciones de una vida más humana y digna. Frente a los poderes de la muerte la indolencia, la falta del respeto por la vida, como es la contaminación de los ríos, la tala de los bosques y una minería ilegal que destruye los recursos de la tierra, Jesús nos propone el camino de la vida, la defensa del medioambiente y pensar en la vida de las nuevas generaciones. Porque Él es vida y nuestra vida cristiana, vivida en comunidad cobra una nueva dimensión cuando todos nos esforzamos por hacer realidad su mensaje, en defensa de la vida.

El llanto de la viuda de Naín conmovió a Jesús. El dolor y el llanto de las mujeres, cuyos seres queridos fueron arrebatados por la violencia y la inseguridad ciudadana, debe movernos a una compasión cercana, buscar nuevas iniciativas de vivir, para caminar con la seguridad que Jesús sigue acompañando a su pueblo, como fuente de vida. De todos nosotros depende acoger a Jesús y anunciarlo a un mundo sordo y cerrado para abrir sus ojos y sus oídos al grito y al llanto del pobre, para devolverle la esperanza de la vida. (DÉCIMO Domingo T.O. C. Domingo 05.6.2016. LC. 7,11-17)

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