jesus gente(Por: Fray Héctor Herrera).- Quería conocer a Madre Teresa de Calcuta. Había escuchado a mi amigo Steve de la India, hablar tanto de ella, durante mis estudios. Llegó a Chimbote. Fui a la casa sencilla. Está en reunión me dijeron. Pero vamos a decirle: Para mi sorpresa salió y nos encontramos. ESCUCHAR AUDIO

Le agradecí por el trabajo entre los más pobres de los pobres. Me impresionó su mirada llena de luz, reflejaba una paz profunda que me impactó. Escribió en mi libro: “Se un sacerdote sólo de Cristo y para Cristo”. Me quedé con un pensamiento profundo. Había visto a una seguidora de Jesús.

Su lección de seguidora de Jesús, nos enseña, como nos dice Lc 14,25-33 que el verdadero discípulo lo ama totalmente. Se despoja de todo para seguir las mismas huellas de su Maestro Jesús, quien camina resueltamente a Jerusalén, sabiendo que le espera la muerte. Y nos reta a todo cristiano: “Quien viene a mí y no me ama más que a su padre y su madre…Quien no carga con su cruz y me sigue no puede ser mi discípulo (v. 26.27)

El seguimiento a Jesús nos exige despojarnos de todo, aún renunciar al mundo familiar, social, económico y cultural. A todo aquello que nos ate y no nos deje la libertad para asumir todo lo que Jesús hizo por amor. Seguir a Jesús, tomando su cruz nos cuesta, nos asusta, pero es ir tras las huellas del Maestro supone coherencia de vida, valentía. No buscar el arribismo, el tener más para dominar al otro. El seguimiento a Jesús es amor, entrega, abandonarnos en sus manos y ser conscientes que todo lo que hagamos lo hacemos en su nombre. Porque el camino de la cruz nos lleva a la libertad, a saber respetar y acoger a las personas como hermanos, como lo exige Pablo a Filemón: “Trata a Onésimo no como esclavo, sino como hermano muy querido. Quiérelo como yo, porque tú eres cristiano” (Fil 9,16.20)

Ser discípulo de Jesús significa ser constante y no volverse atrás, pese a las dificultades, aún dentro de la misma comunidad cristiana. Es poner cimientos profundos de fe, acoger su Palabra de vida para proclamar y defender la dignidad de toda persona, buscar la justicia como fruto del amor y de la reconciliación, ser portadores de paz en un mundo violento que no respeta la dignidad ni los derechos humanos. Es contemplar a Dios en el rostro de los hermanos pobres, como lo hizo Madre Teresa, desde los inicios de su obra: “Quiero satisfacer este deseo de Nuestro Señor, haciéndome india y viviendo esa vida por Él y por las almas de los pobres” (Carta a Mons. Périer, S.J 1947). Es acercarnos al otro como hermano y hermana. Todo esto significa amor y respeto por la persona. Tener espíritu de donación y gratuidad, que todo viene de Aquel Dios compasivo y misericordioso que exige nuestra respuesta. Es construir una persona nueva en nosotros, con un espíritu nuevo: orar, ver con ojos de fe la realidad, reflexionar y actuar, en el corazón del hogar y de la sociedad. Es allí donde somos como los constructores de una torre, que sabremos calcular bien como contribuir en la formación de los hijos, alumnos, profesionales. Honestidad, transparencia, propuestas claras y realistas, diálogo, mejor calidad de alternativas de vida y práctica de la Palabra de vida de Jesús nos harán verdaderos discípulos de Aquel que entregó su vida por nosotros. (DOMINGO 23. T.O. CICLO C. D. 04.09.2016. Lc.14, 25-33)

   

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PORTADA MAR ADENTRO JUNIO 2017

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