Dios o el dinero(Por: Fray Héctor Herrera).- "El superconfort de los satisfechos se paga con la miseria de las masas, cada vez más numerosas”. Obispo Don Helder Cámara. En tiempos de Jesús, generalmente la administración de los bienes, se encomendaba a una persona que había nacido en casa de su amo, y éste le encargaba la transacción de todo. Se trata de un administrador que es echado por su Señor. Y antes de quedarse sin nada, con mucha inteligencia, no les cobra toda la deuda, sino que se hace pagar lo que le tocaba. Jesús no alaba la forma injusta, sino la astucia con que obra este hombre, nos dice Lc 16,1-13). ESCUCHAR AUDIO

Hoy se habla del superávit de la economía, pero es para unos pocos, sin llegar a la inmensa mayoría de personas. Jesús nos habla “si no fueron de confianza con el injusto dinero, ¿quién les confiará los bienes verdaderos? (v.11).
El profeta Amós (8,4-7), en tiempos de Jeroboán II, veía en Israel que la riqueza, como hoy, estaba mal distribuida, va contra los defraudadores y explotadores. Toca una realidad como las actuales, profundas y graves injusticias, tribunales, a veces en manos de los poderosos que atropellan los derechos del pobre.

El dinero y poder, hace caso omiso de ser solidarios y humanos con los más necesitados. Lo que ataca el profeta como lo hace Jesús es que a la sociedad corrupta, le gusta el culto, lo externo, pero no tiene sentimientos de compasión y misericordia con los necesitados, quienes no gozan de las necesidades básicas. Jesús retoma estas experiencias vividas: “No pueden servir a Dios y al dinero” (v.13). El dinero mal habido cierra el corazón del hombre. No le importa el sudor y la vida de sus hermanos. No le interesa cómo ganar, aún si destruye la tierra y contamina el medioambiente. Lo único que piensa es ganar. Por eso una economía que no está al servicio de todos, se convierte en un insulto, si es “desarrollo de unos pocos”. Un desarrollo integral tiene que ir unido a una calidad moral profunda: fidelidad a Dios y solidaridad con el hermano, construirá una sociedad más fraterna y justa.

Hoy se niega la primacía del ser humano. El Papa Francisco nos recuerda: “La adoración del antiguo becerro de oro (cf. Ex 32,1-35) ha encontrado una versión nueva y despiadada en el fetichismo del dinero y en la dictadura de la economía sin un rostro y sin un objetivo verdaderamente humano” (E.G. 55) Es urgente una economía solidaria, que mire al desarrollo integral de todos, basada en la justicia, la verdad, un espíritu compasivo

Jesús nos habla administrar bien los bienes, va acompañado de un cambio de corazón y de mentalidad para saber compartir con los que menos tienen. No se trata de una dádiva, sino de un justo derecho a quienes labran la tierra, dirigen las empresas, elaboran los productos, que quienes gobiernen dicten leyes justas que protejan la vida y velen por el bien común de todos sin distinción. DOMINGO 25 T.O. CICLO C. 18.09.2016 LC. 16,1-13.)

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