adviento(Por: Fray Héctor Herrera).- Adviento es tiempo de cambio de conducta, conversión. Mt 3,1-12 nos presenta a Juan Bautista, diciendo: “conviértanse, porque está cerca el reino de los cielos” (v.2). ¿Qué significa este llamado de Juan hoy para nosotros cristianos? Es cambiar de camino y volvernos a Dios. Que este cambio se note en nuestra conducta, en nuestra vida personal y comunitaria. Porque sólo damos frutos de conversión cuando hay un testimonio vivo y fuerte, que tenemos un espíritu nuevo. Y sabemos dar testimonio de Jesús, de aquel que ya anunció el profeta Isaías 11,1-10. ESCUCHAR AUDIO

Juan como testigo del reino de Dios, nos invita a un cambio radical en nuestra conducta. No podemos ser como los fariseos, que se quedan en lo externo ni como los saduceos, defensores del orden injusto a quienes el Bautista, llama raza de víboras (v.7), porque representan la maldad y la terquedad, opuesta al plan de salvación, que no se traduce en obras y en gestos de justicia en su vida. Hoy también nos llamaría así el Bautista, sino no hay un cambio de camino y seguimos las sendas de la injusticia con leyes que atentan contra la dignidad del ser humano. La conversión tiene que darse en frutos de justicia, en una cercanía a Dios y al hermano.

El bautismo de Juan es un llamado a la conversión, cambiar de vida, viviendo la fe cada día. Hace una gran diferencia entre su bautismo y el de Jesús: “Detrás de mí, viene uno que es más poderoso que yo, y yo no soy digno de quitarle las sandalias. Él los bautizará con el Espíritu Santo y fuego”(v.11). Juan nos presenta a Jesús, como el Dios cercano, que acompaña, guía y nos da su Espíritu. Porque como nos ha recordado Isaías: Él posee la plenitud del Espíritu de Dios. Éste es el espíritu que Él nos transmite: “espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de ciencia y de temor del Señor”(Is. 11,2). Aún va mucho más allá. Él no juzgará por las apariencias. La esperanza que nos da el profeta Isaías, es que el Mesías prometido juzgará con justicia a los pobres y desamparados (Is.11,4), que muchas veces son víctimas de la injusticia y excluidos de obrar con rectitud.

El llamado de Juan es muy claro: preparen el camino del Señor ¿Cómo? Haciendo las obras buenas que Jesús espera de nosotros: amar con ternura, tener los mismos sentimientos de Jesús, acoger a todos nuestros hermanos sin exclusión, “acogernos mutuamente, como también Cristo los acogió en su gloria” (Rom.15, 7), preocuparnos por hacer bien las cosas. Este caminar de nuevo en la fe, es lo que nos hace personas nuevas, fidelidad a las promesas de Dios, porque Él es fiel a esa alianza eterna que ha sellado con la humanidad. Fe que se traduce en obras de contemplación y defensa de la vida, don de Dios, defensa de los derechos de los más débiles, defensa de la libertad de expresión y de búsqueda de la justicia sin violencia de nadie, porque la justicia es fruto de la paz y de la reconciliación. Y ésta se centra en Cristo, Señor de la justicia, la verdad y la paz, a la que todos estamos convocados a realizarla con nuestro testimonio de vida. (DOMINGO II DE ADVIENTO. CICLO A. D. 04.12.2016. MT. 3,1-12.)

 

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